jueves, 20 de enero de 2011

Capítulo 10: de 'Un mundo invertido' y la aparente incoherencia de moverte para mantenerte como estás


Primera entrada en este blog dedicada a un libro de ciencia ficción: Un mundo invertido, de Christopher Priest. Aunque no suelo leer demasiada ciencia ficción (los libros de Miles Vorkosigan de Lois McMaster Bujold y Dune de Frank Herbert son los más recientes, aunque también han caído Hyperion, El juego de Ender...), me gustó el argumento, así que aquí está la reseña.

Helward Mann acaba de cumplir mil cuarenta kilómetros de edad, lo que supone que es hora de que abandone el orfanato donde se ha criado (aunque sus padres estén vivos, todos los niños se crían allí) y se integre en la sociedad adulta como un aprendiz en uno de los gremios de primer orden. El secretismo y el autoaprendizaje son las normas que rigen el funcionamiento de estas sociedades y también el de la ciudad Tierra, dado que el consejo de Navegantes (elegidos por los gremios entre sus miembros) controla la ciudad.

A través de Mann descubrimos el mundo: la ciudad Tierra es un conglomerado cerrado de edificios que se mueve sobre raíles, persiguiendo algo llamado óptimo, en medio de parajes desolados, poblados de tribus atrasadas y medio muertas de hambre (curiosamente, estos bárbaros son hispanos); este movimiento perpetuo junto con que la ciudad está cerrada al exterior, explican que el tiempo se mida en kilómetros, en lugar de días. Pero también nos desvela cómo está organizada su civilización, la desinformación en la que los gremios mantienen a la población general, dedicada a trabajos burocráticos, producción de alimentos, etc. (nadie, salvo los miembros de los gremios designados para ello, puede salir de la ciudad); las prácticas moralmente discutibles necesarias para mantener la ciudad en movimiento...

Debido a que se fomenta que los aprendices descubran por sí mismos lo que ocurre en el exterior, al principio del libro somos como pollos descabezados, intentando entender por qué la ciudad tiene que moverse persiguiendo el óptimo. Poco a poco vemos que el movimiento incesante es imprescindible para que todo siga igual, la carrera de la Reina Roja, en definitiva (siempre me han encantado los guiños que los estudiosos de la evolución incorporan en los nombres de sus hipótesis), y Mann se va convenciendo de que mantener en la inopia a gran parte de los habitantes de Tierra es necesario para la supervivencia de la misma ciudad (lo cual tampoco debería sonarnos raro, ¿no?).

Como libro de ciencia ficción es interesante, con un mundo coherente (aunque algunas explicaciones sobre la física del planeta puedan ser un poco duras), en el que el tiempo y el espacio no son absolutos, y el autor sabe darnos la información progresivamente y hacer que nos identifiquemos con Mann. En el fondo, es una novela sobre la iniciación del protagonista, sobre sus dudas y cómo va madurando hasta convencerse de que el secretismo está justificado; pero también sobre las sociedades (que, en definitiva, también se mueven para, generalmente, quedarse como están) y las repercusiones de la desinformación.

En definitiva, un libro de ciencia ficción más que recomendable y con un final muy bueno (aunque hay opiniones para todos los gustos, como casi siempre) sobre el que mejor no dar ni una pista. Espero que os guste.

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