miércoles, 9 de febrero de 2011

Capítulo 11: de 'Las puertas de la Casa de la Muerte' y de cómo se hacen realidad las promesas de Steven Erikson


Desde hace tiempo tenía una reseña que tenía pendiente: la de Las puertas de la Casa de la Muerte, segundo libro de Malaz: el libro de los caídos, de Steven Erikson (podéis leer la entrada sobre el primer libro aquí).

Este libro abre un nuevo arco argumental en un continente distinto a donde se ambientaba Los jardines de la luna. La Profecía de la Tormenta está a punto de cumplirse y los seguidores de Sha'ik salen del desierto sagrado de Raraku para empezar una rebelión contra el imperio de Malaz en Siete Ciudades. Mientras tanto, los ejércitos de la emperatriz Laseen están entretenidos en otros menesteres; solamente el Puño Supremo Coltaine y sus huestes pueden encargarse de la revuelta y de todos los refugiados malazanos. Esta historia se entrelaza con las de algunos personajes conocidos del primer libro y con la de bastantes personajes nuevos, pero no voy a explicar nada más para no desvelar nada de este libro o del anterior.

Como ocurre con el libro anterior, Las puertas de la Casa de la Muerte está plagado de personajes; aunque solamente unos cuantos son verdaderamente importantes (aun así, son bastantes más que en otros libros de este tipo), hay todo un maremagno de personajes secundarios, así que es de agradecer que en esta serie se incluyan listas de nombres, términos, tribus..., que ayudan en gran medida a aclararse con todo ese lío.

De nuevo, y esto parece ser la marca de fábrica de Erikson, la narración va saltando entre los grupos de personajes hasta que, poco a poco, las distintas historias van convergiendo en una sola trama. Supongo que es un truco del autor para mantener al lector un poco desconcertado y que, al terminar el libro, el argumento luzca más, cuando se desvela el cuadro entero. Pero, en ocasiones, hace que pierdas la pista de algunos personajes, de forma que, cuando vuelves a ellos, no recuerdas bien en qué punto estaban; o que no entiendas el interés de alguno de ellos durante muchas, muchas páginas.

De todas formas, tengo que decir que este libro es mucho más asequible que Los jardines de la luna; mientras que en el primer libro quedaba la sensación de que habías empezado la serie por la mitad (creo que Erikson se pasó de pretencioso con Los jardines de la luna; que, intentando no caer en darlo todo mascado, se pasó por el otro extremo), al leer Las puertas de la Casa de la Muerte sentí que ya empezaba a comprender aquel mundo. Lo más curioso es que esa sensación no se debió a que me hubiera familiarizado con el mundo tras tantas páginas, ya que esta sensación disminuyó leyendo el tercer libro, Memorias del hielo. Es, simplemente, que la situación que se cuenta en Las puertas de la Casa de la Muerte es más fácil de entender.

Con este libro también se resuelve, al menos en parte, una de las principales pegas que le puse al anterior. En
mi post sobre Los jardines de la luna dije que no se llegaba a conocer lo suficiente a los personajes como para cogerles cariño. Ahora no estoy segura de que esa sea la explicación, sino que, quizás, lo que pasaba era que no había demasiada diferencia entre los personajes principales y los no tan principales y no sabías muy bien en cuál fijarte. En Las puertas de la Casa de la Muerte están más diferenciados, lo que permite que llegues a encariñarte con algunos (por ejemplo, el chalado sacerdote Pust, el historiador Duiker, o la tierna relación entre Icarium y Mappo).

En resumen, este libro es más que una digna continuación de Los jardines de la luna; es el primer capítulo de la historia grandiosa y muy recomendable que prometía Erikson en Los jardines de la luna.

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