Como ya sabéis, prefiero la fantasía a la ciencia ficción. A pesar de que
la ciencia ficción no es mi género favorito, de vez en cuando leo algo; no de
ciencia ficción pura y dura, que no suele gustarme, pero sí de space opera (en su momento, hablé de la
serie de Miles Vorkosigan aquí). En una de esas rachas de leer ciencia
ficción, me interesé por el argumento de La
vieja guardia de John Scalzi. Tuve algún reparo, después de que Los tejedores de cabellos no fuera exactamente lo que esperaba;
pero he de reconocer que el que hubiera una edición de bolsillo me animó.
En el futuro, los humanos han establecido colonias en planetas alejados. El
único problema es que muchos de ellos ya estaban habitados o que otras especies
alienígenas también le han echado un ojo, o ambos casos a la vez. Por ello, las
Fuerzas de Defensa Coloniales no paran de buscar nuevos reclutas que enviar a
planetas perdidos de la mano de Dios a luchar en las numerosas guerras que la
Tierra tiene en marcha. El día de su 75º cumpleaños, John Perry se une al
ejército junto a otros cientos de ancianos, renunciando a volver jamás a la
Tierra a cambio de la esperanza de recibir un tratamiento rejuvenecedor, bajo
la suposición de que un ejército de ancianos no serviría de mucho.
Aunque no sé demasiado de ciencia ficción, hasta yo he oído hablar de las
novelas de tropas espaciales, a pesar de que lo más cerca que he estado de leer
una ha sido Bill, héroe galáctico. Hasta donde yo sé, La vieja guardia propone una vuelta de tuerca novedosa, con las
tropas espaciales formadas por abueletes que han vivido su vida y están
dispuestos a arriesgar sus pellejos por una nueva juventud. Y, la verdad, el
que los reclutas sean personas maduras en lugar de casi-adolescentes
descerebrados con la testosterona bulléndoles por la sangre es un enfoque
interesante y refrescante, por mucho que los vejetes pasen por un momento de
adolescentes fornicadores.
Por otro lado, aunque claramente sea una novela de tropas espaciales, el
libro se centra más en las relaciones personales del protagonista con los otros
personajes y en cómo responde a lo que se va encontrando que en la guerra en sí,
o, ya puestos, en el adiestramiento, que parece que es una de las cosas que más
le interesan a los escritores de novelas sobre el ejército. Por supuesto, eso no
quiere decir que no se trate el tema de la instrucción (con el típico sargento
que odia a todo el mundo y ese ambiente que Harry Harrison resumió en Bill, héroe galáctico con "todas las semanas son la semana de fode a tu compañero"), sino que esa parte no ocupa más de la mitad del libro.
El protagonista, John, es un vejete lúcido e irónico que encuentra más
alentador lanzarse a un destino desconocido luchando contra todo tipo de seres
extraterrestres que seguir enfrentándose a la ausencia de su querida esposa. Tras
embarcarse en el transbordador espacial, pronto hace amistad con un grupo de
cadetes, formando una pandilla autobautizada como Vejestorios, en la que todos
comparten un sentido del humor muy peculiar que les lleva a ponerles a los
CerebroamigosTM que les implantan durante el proceso de
rejuvenecimiento nombres como Gilipollas, Zorra o Capullo. ¡Genial!
Lo que es muy curioso de este libro es que, en un mundo en el que los viajes
interplanetarios son el pan nuestro de cada día, la casa de John Perry en Estados
Unidos no desentona con cualquiera de las casitas de madera del Medio Oeste que
salen en los telefilmes de Antena 3 (¿por qué los americanos construyen con
madera incluso donde hay tornados día sí, día también? ¿No han descubierto los
ladrillos?). Una casa en un pueblo tranquilo en el que las mujeres hacen
tartas para los concursos de la feria del condado durante los cuales se desatan
pasiones y odios enconados.
Es una novela no muy larga, con mucha acción, revolcones y humor, y con un
trasfondo antimilitarista, que comienza una serie de siete libros publicados hasta ahora. Es muy entretenida, se lee rápido (algo que la gente
suele usar peyorativamente, aunque no es mi caso), engancha y te deja buen
sabor de boca; y es un libro más que recomendable para los que, como yo, no
somos muy aficionados a la ciencia ficción.

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