sábado, 29 de junio de 2013

Capítulo 50: de 'La vieja guardia' y las tropas espaciales geriátricas



Como ya sabéis, prefiero la fantasía a la ciencia ficción. A pesar de que la ciencia ficción no es mi género favorito, de vez en cuando leo algo; no de ciencia ficción pura y dura, que no suele gustarme, pero sí de space opera (en su momento, hablé de la serie de Miles Vorkosigan aquí). En una de esas rachas de leer ciencia ficción, me interesé por el argumento de La vieja guardia de John Scalzi. Tuve algún reparo, después de que Los tejedores de cabellos no fuera exactamente lo que esperaba; pero he de reconocer que el que hubiera una edición de bolsillo me animó.

En el futuro, los humanos han establecido colonias en planetas alejados. El único problema es que muchos de ellos ya estaban habitados o que otras especies alienígenas también le han echado un ojo, o ambos casos a la vez. Por ello, las Fuerzas de Defensa Coloniales no paran de buscar nuevos reclutas que enviar a planetas perdidos de la mano de Dios a luchar en las numerosas guerras que la Tierra tiene en marcha. El día de su 75º cumpleaños, John Perry se une al ejército junto a otros cientos de ancianos, renunciando a volver jamás a la Tierra a cambio de la esperanza de recibir un tratamiento rejuvenecedor, bajo la suposición de que un ejército de ancianos no serviría de mucho.

Aunque no sé demasiado de ciencia ficción, hasta yo he oído hablar de las novelas de tropas espaciales, a pesar de que lo más cerca que he estado de leer una ha sido Bill, héroe galáctico. Hasta donde yo sé, La vieja guardia propone una vuelta de tuerca novedosa, con las tropas espaciales formadas por abueletes que han vivido su vida y están dispuestos a arriesgar sus pellejos por una nueva juventud. Y, la verdad, el que los reclutas sean personas maduras en lugar de casi-adolescentes descerebrados con la testosterona bulléndoles por la sangre es un enfoque interesante y refrescante, por mucho que los vejetes pasen por un momento de adolescentes fornicadores.

Por otro lado, aunque claramente sea una novela de tropas espaciales, el libro se centra más en las relaciones personales del protagonista con los otros personajes y en cómo responde a lo que se va encontrando que en la guerra en sí, o, ya puestos, en el adiestramiento, que parece que es una de las cosas que más le interesan a los escritores de novelas sobre el ejército. Por supuesto, eso no quiere decir que no se trate el tema de la instrucción (con el típico sargento que odia a todo el mundo y ese ambiente que Harry Harrison resumió en Bill, héroe galáctico con "todas las semanas son la semana de fode a tu compañero"), sino que esa parte no ocupa más de la mitad del libro.

El protagonista, John, es un vejete lúcido e irónico que encuentra más alentador lanzarse a un destino desconocido luchando contra todo tipo de seres extraterrestres que seguir enfrentándose a la ausencia de su querida esposa. Tras embarcarse en el transbordador espacial, pronto hace amistad con un grupo de cadetes, formando una pandilla autobautizada como Vejestorios,  en la que todos comparten un sentido del humor muy peculiar que les lleva a ponerles a los CerebroamigosTM que les implantan durante el proceso de rejuvenecimiento nombres como Gilipollas, Zorra o Capullo. ¡Genial!

Lo que es muy curioso de este libro es que, en un mundo en el que los viajes interplanetarios son el pan nuestro de cada día, la casa de John Perry en Estados Unidos no desentona con cualquiera de las casitas de madera del Medio Oeste que salen en los telefilmes de Antena 3 (¿por qué los americanos construyen con madera incluso donde hay tornados día sí, día también? ¿No han descubierto los ladrillos?). Una casa en un pueblo tranquilo en el que las mujeres hacen tartas para los concursos de la feria del condado durante los cuales se desatan pasiones y odios enconados.

Es una novela no muy larga, con mucha acción, revolcones y humor, y con un trasfondo antimilitarista, que comienza una serie de siete libros publicados hasta ahora. Es muy entretenida, se lee rápido (algo que la gente suele usar peyorativamente, aunque no es mi caso), engancha y te deja buen sabor de boca; y es un libro más que recomendable para los que, como yo, no somos muy aficionados a la ciencia ficción.

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