domingo, 15 de enero de 2012

Capítulo 27: de 'Pathfinder' y por qué debería recelar de las portadas brillantes


Seguro que muchos de vosotros habréis leído El juego de Ender de Orson Scott Card (que obtuvo el Premio Nébula en el 85 y el Hugo en el 86), o al menos, habréis oído hablar de ese libro. Pues, hace unos pocos meses, se publicó en España su nuevo libro, Pathfinder.

Un chaval, Rigg, vive con su padre vagando por las montañas, ganándose la vida como tramperos, mientras el padre le enseña a cazar, a moverse sigilosamente..., pero también filosofía, biología, historia, oratoria, astronomía... Además, aprende a utilizar una extraña habilidad que posee: Rigg es capaz de ver unos rastros que dejan a su paso los animales (incluyendo a las personas). Pronto los acontecimientos se precipitan y Rigg se ve abocado a lanzarse al mundo más allá de las montañas que son su hogar y dirigirse a la capital.

A parte de la historia de Rigg, al principio de cada capítulo hay una narración paralela protagonizada por un piloto espacial llamado Ram, que gobierna una nave espacial terrestre destinada a colonizar un nuevo planeta. Dado que los pasajeros (y futuros colonos) están en estasis, la única compañía de Ram son los prescindibles, unos seres similares a robots, que le ayudan a mantenerse cuerdo.

Cuando salió, leí la sinopsis en la web de una librería y tenía buena pinta. Dado que no se hablaba de la historia de Ram, daba la impresión de que era fantasía, y, encima, parecía que era autoconclusivo. Tan buena pinta tenía que mi novio me lo regaló por mi cumpleaños. Al abrir el paquete tuve un mal presentimiento: la cubierta del libro tenía reflejitos brillantes (que únicamente se aprecian con el libro entre las manos) que me hicieron pensar en malas experiencias pasadas (un ejemplo de las cuales podéis leer aquí). Pero bueno, pensé, Orson Scott Card no es Tudi Canavan, ¿no? Después de todo, El juego de Ender, aunque con un final tramposo (cualquiera que lo haya leído sabe de lo que hablo) es un buen libro. Lo mismo solo son prejuicios tontos...

Pues no. A ver si aprendo de una vez que las portadas metalizadas o con elementos brillantes de cualquier tipo no son lo que, en general, yo voy buscando (con esto no quiero decir que sean libros horribles y que nadie vaya a disfrutar leyéndolos, solo que yo, no; vamos, lo que me pasa con la programación de Telecinco: me parece muy respetable que a la gente le guste, pero yo no la veo ni atada de pies y manos).

La verdad es que, al principio, el libro estaba bien. La historia de Ram te provoca una gran curiosidad porque no cuadra para nada (¿qué pinta la historia de una nave espacial mezclada con la de un mundo poco avanzado tecnológicamente como es el de Rigg?), Rigg se encuentra desvalido y lo persiguen... Las cosas parecían ir bien. Pero pronto aquello degeneró. Al chaval se le une el típico amigo gordito y paleto pero de buen corazón que apenas sirve para mucho más que para hacer brillar al protagonista (y ojito con comentar que Sam Tarly de Canción de hielo y fuego es el amigo gordito de Jon Nieve, ¡que tiro de cheira p'arriba y te echo las tripas en un canasto! –como diría el Cansino Histórico, del que es fan incondicional mi novio–. Que quede claro que Sam es un personaje genial y no una mera comparsa de Nieve, aunque no haya tenido sus propios capítulos hasta Tormenta de espadas. Y el que no esté de acuerdo arderá en los más profundos fuegos del Averno. Avisados estáis). Rigg resulta ser un dechado de virtudes, más inteligente y sabio que cualquier adulto con el que se cruza, lo que resulta bastante repelente en un crío de trece o catorce años. Un adulto abandona el negocio por el que lleva luchando años y a la mujer que adora para seguir a Rigg al fin del mundo, sin razón aparente. Y, encima, las poquitas veces que Rigg mete la pata, lo solucionan con el truquito que han aprendido combinando las habilidades del protagonista y del amigo gordito (esto es una de las cosas que más me repatearon de los primeros libros de Harry Potter, el que, cada vez que los protagonistas aprendían un hechizo, ya podías poner la mano en el fuego porque la resolución de una de las pruebas del final dependería de ese sortilegio).

Por si fuera poco, a los pocos capítulos de la historia de Ram (recordemos que solo ocupa unas pocas páginas al principio de cada capítulo de Rigg, así que la cosa tarda en en coger fuelle) ya sabes cómo va a terminar (otro truquito de los que tanto le gustan a Scott Card). Y, un poco después, ya sabes hasta la identidad secreta de uno de los personajes...

Y, para rematarlo todo, ¡ni siquiera es autoconclusivo!.

Sinceramente, mi problema fue que no me enteré a tiempo de que es un libro juvenil. Desgraciadamente, ni en la cubierta del libro ni en la página web donde leí la sinopsis (y que, normalmente, da mucha información) no habían considerado adecuado incluir que es un libro juvenil (de hecho, si lo hubiera pillado con 15 años, seguramente me hubiera gustado, pero, por mucho que, cuando lees críticas por ahí digan que no es un libro juvenil al uso, que es tan denso como un libro adulto, no es verdad: los personajes son planos, la historia es previsible, los personajes tienen muchas reacciones que no son naturales...), ni tampoco que se trata del principio de una serie de libros. Así que si queréis que vuestros hijos/sobrinos/primos adolescentes se conviertan en frikis, dádselo y que disfruten de la mezcla de fantasía y ciencia ficción (igual que yo disfruté en su momento con la Dragonlance); después de todo, siempre será mejor Pathfinder que El gremio de los magos.

En conclusión, tengo que aprender a desconfiar de los libros con brillos en la portada, igual que siempre he recelado cuando en la contraportada pone que Fulanito es "el nuevo George R. R. Martin" (por cierto, ¿por qué ya todas las comparaciones son con Martin? ¿Dónde ha quedado Tolkien?).

2 comentarios:

Quino dijo...

Lo vi el miércoles en Fnac y pensé lo mismo: "Uy qué miedo, tanto colorín brillante".

Me pasa con O.S.Card que no entiendo ese empeño en alargar las sagas más de la cuenta. La de Ender la di por imposible al tercer tomo (aunque la historia paralela de Bean en "La sombra de Ender" me gustó bastante más).

Y la saga de Alvin Maker, ni se ha dignado terminarla, se ha quedado en el libro 6 de 7.

En fin, que tengas un friki 2012.

Nymeria dijo...

Desgraciadamente, yo solo llegué a ver la foto por internet, así que caí con todo el equipo.

Yo solo leí El juego de Ender, si no recuerdo mal (de esto hará unos 14 años), y me quedé un poco cabreada por el truquito del final. Luego vi los argumentos de las continuaciones y, la verdad, no me interesaron demasiado, así que lo dejé estar.

Pero esta vez la cosa parecía prometedora y este hombre tiene buena fama, así que me lancé, y resultó que tampoco merecía mucho la pena.

Feliz año también para ti, Quino.

¡Saludos!

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