Hace tiempo, en un comentario en esta entrada me recomendaron Bajos fondos de Daniel Polanski. No conocía el libro, así que busqué información. Como ya he dicho alguna vez, soy un poco especial para decidirme a leer un libro. He leído muchos libros en mi vida por simples corazonadas mientras hurgaba en las estanterías de alguna librería. Así descubrí El pirata Garrapata, que nadie había leído en mi colegio y que causó estragos; y también por una corazonada entró Sanderson en mi vida, por ejemplo. Otros han venido por recomendación de algún amigo: una amiga con muy buen gusto me convenció para leer El señor de los anillos y luego a Pratchett; aunque no es oro todo lo que reluce, y otra me recomendó El nombre del viento, que debe de andar olvidado en alguna de las muchas cajas de libros que abarrotan el sótano de mis padres. E incluso me he decidido a leer algunos por críticas o comentarios encontrados en internet (gracias a un foro empecé Canción de hielo y fuego) o en periódicos (¡conocí a Sapkowski a través del suplemento literario de El País!). Pero muy pocas veces busco opiniones a propósito, y no suelo pasar de leer la sinopsis en internet. Y eso es lo que hice esta vez. Leí la sinopsis y le di una oportunidad.
En los arrabales de una gran ciudad vive el Guardián, un tipo misterioso que controla el tráfico de drogas de la zona en la que vive. Pasa sus días manteniéndose al margen de todo, salvo de aquello que interfiere directamente con sus negocios, y consumiendo parte de su mercancía mientras haraganea en la posada de la que es copropietario. Un día desaparece la niña de una familia vecina, y el posadero y su mujer presionan al Guardián para que se implique en la investigación, dado que la policía no dedica demasiados esfuerzos, lo que llevará al Guardián a enfrentarse con buena parte de los fantasmas que ha ido acumulando en su vida.
Bajos fondos es una de esas novelas mezcla de fantasía y novela negra, del estilo de los libros de Harry Dresden de Jim Butcher o los de Anita Blake, en las que se mezclan las tramas detectivescas con la magia o los bichos sobrenaturales. La diferencia es que, en lugar de tener lugar en un presente alternativo, como el Chicago de Dresden o el San Luis de Anita, la historia de Bajos fondos se desarrolla en un mundo vagamente medieval; si habéis leído los libros de Max Frei, sabréis a qué me refiero. De hecho, el autor tampoco da demasiados datos sobre el mundo, y el protagonista no deja la ciudad de Rigus en ningún momento (únicamente un flashback sobre su participación en la guerra nos saca de las murallas de la ciudad), quedándose la mayor parte del tiempo dentro de los límites del sórdido barrio en el que vive. En realidad, tampoco cambiaría mucho si la historia tuviera lugar en nuestra Edad Media o en cualquier otro lado, salvo en un par de detalles relativos a la magia. En Bajos fondos no encontraréis un mundo muy trabajado, como por ejemplo el de El camino de los reyes, sino que este es un mero escenario para la acción.
El Guardián es un hombre duro, como se puede deducir de su trabajo. Apático, introvertido, el protagonista de Bajos fondos prefiere no relacionarse con la gente salvo que sea imprescindible, aunque bajo esa fachada fría esconda un corazoncito a su pesar. Su dureza y frialdad proceden de su infancia, cuando una epidemia de peste acabó con gran parte de la población, dejando las calles llenas de huérfanos, puesto que los únicos que sobrevivían o eran inmunes a la enfermedad eran los niños. En aquella época tuvo que aprender a sobrevivir a golpes, y eso marcó su carácter arisco, desapegado e irónico. Durante aquellos años también conoció a una niñita que, con el tiempo, se convirtió en la mano derecha del hechicero cuyas salvaguardias mágicas permitieron controlar la peste. Sin embargo, a pesar de su carácter reservado, su adicción a la droga y de ganarse la vida como traficante, el Guardián es una persona justa, que no se aprovecha de los débiles y capaz de arriesgar su vida por encontrar al asesino de niños del arrabal, aunque eso termine consigo mismo en los sótanos de la policía, una mezcla de CSI mágico e Inquisición, donde están más que dispuestos a hacerle pagar los errores que lo llevaron a ser expulsado del cuerpo de policía.
Bajos fondos, igual que las otras novelas fantásticas de detectives que mencioné antes, es un libro entretenido, que mantiene el interés de la historia detectivesca, sin complicaciones, que se lee de un tirón y te hace pasar una tarde agradable. Es uno de esos libros que te pide el cuerpo a veces para desengrasar, como cuando, después de que en Navidad tu madre o abuela te cebe con mil entremeses, platos principales que se desbordan y bandejas de dulces, tu cerebro te pide que te zampes unas verduritas hervidas o una ensaladita, para que tu organismo pueda dejar de lidiar con grasas variadas, colesterol y azúcar en cantidades ingentes. Es algo ligero que intercalar entre esos tochos que requieren tanta atención para no perdernos en el maremágnum de personajes y lugares (de hecho, lo leí después de El regreso de la Guardia Carmesí), o que leer cuando sabes que no dispones de demasiado tiempo libre.
Bajos fondos, igual que las otras novelas fantásticas de detectives que mencioné antes, es un libro entretenido, que mantiene el interés de la historia detectivesca, sin complicaciones, que se lee de un tirón y te hace pasar una tarde agradable. Es uno de esos libros que te pide el cuerpo a veces para desengrasar, como cuando, después de que en Navidad tu madre o abuela te cebe con mil entremeses, platos principales que se desbordan y bandejas de dulces, tu cerebro te pide que te zampes unas verduritas hervidas o una ensaladita, para que tu organismo pueda dejar de lidiar con grasas variadas, colesterol y azúcar en cantidades ingentes. Es algo ligero que intercalar entre esos tochos que requieren tanta atención para no perdernos en el maremágnum de personajes y lugares (de hecho, lo leí después de El regreso de la Guardia Carmesí), o que leer cuando sabes que no dispones de demasiado tiempo libre.

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