miércoles, 29 de febrero de 2012

Capítulo 29: de Anita Blake y los vampiros como tienen que ser



Para celebrar que es 29 de febrero, un día tan friki que solo existe cada cuatro años, voy a publicar un post que tenía atascado desde hace tiempo, a pesar de que los libros me encantan, y que, curiosamente, es el capítulo 29 de Pues vaya libro friki (me encantan estas casualidades de la vida).

Seguro que la mayoría de vosotros os acordaréis de aquella serie de los 90 que La 2 ponía indefectiblemente todos los veranos: Buffy cazavampiros. Buffy era una adolescente rubia y mona que iba al instituto por las mañanas y por las noches salía a luchar contra la plaga que asolaba su pueblecito: los vampiros y otros seres del estilo (es lo que tiene vivir en lo que técnicamente se conoce como la Boca del Infierno, que el porche se te llena de bichos). En la serie salían todo tipo de monstruos y seres sobrenaturales: brujas; vampiros de toda calaña, incluyendo a uno con alma (da que pensar que Ángel probablemente sentó las bases de tanto vampirito guapetón y torturado… Y sí, me estoy metiendo con Crepúsculo, y, especialmente, con los protagonistas de su adaptación cinematográfica: Carapánfilo y Lánguida), y otro malo pero con corazoncito; hombres lobo (el novio de una de las brujas, por ejemplo); zombis; algún monstruo inclasificable… Y Buffy se encargaba de los malos sin despeinarse y sin que ni una gotita de sangre (o fluidos corporales en proceso de putrefacción) manchara su monísimo modelito, mientras se hacía amiga (o novia) de los buenos.

Pues bien, la serie de Anita Blake de Laurell K. Hamilton es como Buffy, pero hardcore. En los Estados Unidos se ha legalizado el vampirismo (sí, igual que en la serie True Blood) y en San Luis los vampiros han sabido sacarle partido a la atracción que sienten los humanos por ellos, abriendo una serie de locales de gran éxito (tres de ellos dan nombre a los tres libros publicados en español). También salen a la luz otros seres y actividades sobrenaturales; de hecho, se considera legal la declaración de un zombi, por lo que en San Luis se ha abierto Reanimators Inc. una empresa a la que puedes acudir cuando necesites saber lo que quería decir el abuelo en su testamento cuando le dejó la casa de la playa al perro. Anita Blake trabaja allí, como reanimadora, levantando zombis a diestro y siniestro. Además, completa sus días ejecutando vampiros a los que la búsqueda de comida se les ha ido de las manos, y colaborando como asesora de la recién creada Brigada de Investigación Preternatural de la policía (también conocida como Santa Compaña). Y, por si fuera poco, tiene una destreza innata para verse envuelta en todos los problemas de la ciudad, quizás porque se siente obligada a defender a los débiles de los monstruos que pueblan la noche.

Anita es una chica de veintipocos, bajita, esbelta, de piel pálida y bucles negros... Sí, ya sé que así contado no parece que haya mucha diferencia con Buffy, salvo en el color del pelo. Pero esperad, que sigo. Anita es, sobre todo, una tipa dura (vaaale, se supone que Buffy también lo es, pero es que es muy fácil ser dura cuando en el guión pone que el malo de turno no puede ni rozarte el flequillo). Anita es más del estilo del inigualable John McClane (aquí es donde viene Jimmy y empieza a gritarme por atreverme a estas comparaciones), que recibe tanto como da, o más. Anita, consciente de que pesa como 50 kilos menos que cualquier posible enemigo, procura ir cargada de todas las armas que tiene a mano: cuchillos en los antebrazos y piernas, un par de pistolas y su inseparable crucifijo. E, incluso así, recibe unas palizas dignas del protagonista de Jungla de cristal.

La serie, de la que Gigamesh solo ha publicado tres libros de los veintiuno que hay publicados (aunque en octubre de 2010 me dijeron por correo que iban a publicar Café de los lunáticos en breve. Ejem...), está llena de acción, con tiroteos, persecuciones y peleas, todo regado con el genial sentido del humor de la protagonista, que dedica sus comentarios irónicos a todo bicho viviente (o no-muerto; de hecho, los únicos que se libran son sus adorados pingüinos de peluche, con los que duerme cuando ha pasado una mala noche). De hecho, hay momentos simplemente hilarantes, como cuando describe los problemas de su madrastra cuando su don de resucitar muertos empezó a despertar y durante sus viajes en coche se convertía en el flautista de Hamelin en versión zombi. O su obsesión por ir conjuntada, incluso cuando lo único que puede llevar es una camiseta gigantesca para disimular el arsenal que transporta por toda la ciudad.

Sin embargo, una de las cosas que más diferencian a Anita de Buffy es su filosofía, que se puede resumir en su frase "no salgo con vampiros. Los mato", mientras que la rubia se no tenía ningún problema en liarse con ellos. Eso no quiere decir que no haya alguno con el que se deleitaría bien deleitada (parafraseando al gran Clark Kent) y que, a medida que pasan los libros, cada vez le cueste más resistirse a sus encantos. El tono erótico-festivo es otra de las características de los libros de Hamilton: la autora se pasa los días buscando excusas para descamisar a los personajes masculinos y recrearse en su obsesión por los torsos desnudos, los abdominales marcados y los pezones masculinos.

Porque los vampiros de Anita Blake, a diferencia de tanto vampiro ñoño y blandito, son lo que tienen que ser: monstruos. Vale que algunos sepan comportarse y no se zampen al primer humano con el que se topan. Vale que hayan creado negocios y hasta una iglesia (la única religión da exactamente lo que promete: la existencia eterna, siempre que no le tengas mucho aprecio a la luz del sol y no te importe que tus colmillos se afilen un poquito, claro). Vale que Jean-Claude a veces no parezca el manipulador depredador que es. Pero todo eso no hace que dejen de ser lo que son, bestias inteligentes hambrientas de sangre.

Anita tiene de todo, como veis. Vampiros, acción, peleas, humor, trabajo detectivesco, muchos pezones... Una mezcla que, al menos en los tres libros que hay en español, resulta fresca y divertida; vale, no son libros profundos, pero son muy entretenidos. Solo espero que, si en algún momento Gigamesh se decide a sacar el resto de los veintiún libros que hay escritos hasta la fecha (por cierto, si hay alguien interesado, Marvel ha publicado varios cómics sobre Anita), no se pierda la frescura y la serie degenere, igual que le pasó a El Clan del Oso Cavernario de Jean M. Auel, que terminó por convertirse, como decía una amiga mía, en sexo en las cavernas.

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