Siguiendo con su política
de aprovechar la gallina de los huevos de oro y dado que Vientos
de invierno no parece que vaya a
salir en breve, Gigamesh está publicando los tres volúmenes de la
Autobiografía literaria
de George R. R. Martin. Por el momento están disponibles dos
volúmenes: Luz de estrellas lejanas e
Híbridos y engendros,
y en teoría, pronto saldrá Un corazón atribulado.
Yo me resistí a comprar Luz de estrellas lejanas
hasta que descubrí de qué iba este asunto, porque nunca me han
interesado demasiado las biografías (salvo La doble hélice,
que me divirtió enormemente); a los que, como yo, no sepáis qué es
esto de una autobiografía literaria, os diré que es una cosa
curiosa: el propio Martin ha ido eligiendo relatos más o menos
largos que ha ido escribiendo y publicando en distintos medios a lo
largo de su vida y los ha agrupando según el momento en que los
escribió, la temática y razones sentimentales. Cada grupo contiene
tres relatos como mínimo, y van precedidos por unas diez páginas en
las que Martin divaga sobre su vida, su obra, sus éxitos, sus
fracasos, las series de relatos que abandonó tras el primero, las
lecturas que lo marcaron... No es una autobiografía al uso, ni una
recopilación pelada de relatos, sino un híbrido de lectura ágil,
entretenido, que permite conocer mejor a Martin (algunas de sus
peripecias, como todas las que lo llevaron a usar el papel carbón,
son muy divertidas) y también descubrir relatos que llevaban más de
veinte años sin estar disponibles en español, muchos de los cuales
han recibido los premios más importantes de la ciencia ficción y la
fantasía. Seguro que, a estas alturas, la mayoría de vosotros
conocéis alguno de los títulos, como "Una canción para Lya",
"El dragón de hielo" (no hace mucho se publicó una edición
ilustrada de este relato), o habéis oído hablar de Tuf, que
protagoniza dos relatos de Híbridos y engendros.
Empecemos
hoy con Luz de estrellas lejanas. Autobiografía literaria
1. La mayor parte de los
dieciséis relatos de este primer volumen son de ciencia ficción,
salvo la última sección, que recoge tres relatos de fantasía. Sin
embargo, los géneros son flexibles y muchos contienen aspectos de
otros géneros, como los fantasmas de "La salida a San Breta", o
los viajes por el tiempo y el espacio de "Las canciones solitarias
de Laren Dorr", a pesar de que se supone que las mezclas raras
están en el segundo volumen, que por algo se llama Híbridos
y engendros.
Sinceramente,
cuando vi cómo estaba organizado el libro, pensé que, antes o
después, me empezaría a saltar las introducciones de Martin y
leería únicamente los relatos. Nunca me han llamado la atención
las autobiografías, y, en teoría, estos fragmentos no me resultaban
demasiado atractivos. Y, probablemente, el mayor descubrimiento de
este primer volumen hayan sido estas introducciones de unas diez
páginas en las que Martin explica sus decepciones y sus alegrías,
los malos momentos en los que la frustración por no poder vivir de
sus escritos le llevaba a casi abandonar o el reconocimiento de sus
colegas, sin aspavientos, sin autobombo y con grandes dosis de
ironía, riéndose de sí mismo. Esto no quiere decir que los cuentos
no merezcan la pena, por supuesto. Reconozco que los tres del primer
bloque no me convencieron del todo, sobre todo "Solo los niños
temen a la oscuridad", demasiado estereotipado para mi gusto, con
un bueno buenísimo y un malo malísimo y muchachas ofrecidas en
altares de templos oscuros perdidos en la selva; aunque también hay
que reconocer que era justo eso lo que Martin buscaba cuando lo
escribió.
El
libro mejora con el segundo bloque, sobre todo con "Esa otra clase
de soledad", la inquietante historia de un hombre encargado de
vigilar el paso de naves espaciales a través del anillo de Cerbero,
que espera la llegada de la nave que traerá a su relevo. El tercer
bloque empieza con "Una canción para Lya", una novela corta a la
que le tenía ganas desde hacía tiempo porque había leído
maravillas (aunque también es cierto que Muerte de la luz
también tiene una legión de seguidores y a mí no me pareció para
tanto); pese a que el final no fue ninguna sorpresa, merece la fama
que tiene. Los protagonistas son una pareja con poderes psíquicos
que acude a investigar la religión de los shkeen, que consiste en
unirse a un parásito que, con el paso del tiempo, acabará con el
hospedador; reconozco que todo esto me recordó enormemente a los
cruciformes de Hyperion de Dan Simmons (el relato de Martin es varios años anterior a la novela de Simmons
y no he encontrado información sobre que Simmons se inspirara en
Martin, así que supondremos buena fe, como dirían los Serrano y
pensaremos que es un buen ejemplo de evolución convergente).
A este culto están empezando a unirse también humanos, lo que
preocupa al gobierno humano del planeta, quienes llaman a Lya y Robb
para que intenten descubrir qué hay de atractivo en llevar un
parásito colgando que te va engullendo poco a poco. "Una canción para Lya" es un relato de amor,
de desesperación, melancólico, amargo, con un final previsible,
pero hermoso y triste.
Otro
relato lleno de melancolía (un rasgo típico en Martin, que empapa
la mayor parte de sus relatos y novelas salvo las de Canción
de hielo y fuego curiosamente,
como ya mencioné en la entrada sobre Refugio del viento)
es "Hieles de tierra", en el que una muchacha, Shawn, intenta
sobrevivir en un despiadado mundo helado tras la muerte de su
compañero de viaje. En la primera parte, maravillosa, Martin refleja
la desesperación, la tristeza, el sentimiento de culpa por fallar en
su misión de Shwan a medida que avanza por el hielo y la nieve; el
único problema es que todo se embarulla con la aparición de Morgana
y la segunda parte decepciona.
La
introducción de la cuarta y última sección, "Los herederos de
las tortugas", me hizo quedarme con ganas de saber más de las
tortugas que Martin puso a vivir en un castillo cuando era pequeño y
de sus enemigos imaginarios; desgraciadamente, el pequeño Martin
desarrolló las aventuras de sus reyes quelonios dentro de su cabeza,
así que no creo que nunca jamás podamos leer sobre ellas. Este
fragmento termina con un maravilloso escrito de Martin explicando por
qué adora la fantasía en unos pocos párrafos preciosos, que
debería fotocopiar y llevar encima para cuando alguien me pregunte
que por qué leo cosas raras de esas de dragones, porque Martin de
explica mucho mejor que yo. Y si no, comprobadlo vosotros mismos:
La mejor fantasía está escrita en el lenguaje de los sueños. Está tan viva como ellos, es más real que la realidad... por lo menos un instante, ese largo y mágico instante que precede al despertar.La fantasía es plateada y carmesí, de añil y azur, de obsidiana con vetas doradas y de lapislázuli. La realidad es de plástico y contrachapado, de color marrón fangoso y verde parduzco. La fantasía sabe a guindilla y a miel, a canela y clavo, a carne roja y sangrante y vino dulce como el verano. La realidad son judías y tofu, con paladar de ceniza. La realidad son los centros comerciales de Burbank, las chimeneas de Cleveland, un aparcamiento de Newark. La fantasía son las torres de Minas Tirith, las piedras antiguas de Gormenghast, los pasillos de Camelot... La fantasía vuela con las alas de Ícaro; la realidad, con Southwest Airlines. ¿Por qué languidecen tanto los sueños al hacerse realidad?Creo que leemos fantasía para reencontrar los colores. Para saborear especias picantes y escuchar el canto de las sirenas. En la fantasía hay algo atávico y verdadero que se dirige a lo más profundo de nuestro ser, al niño que soñaba que un día cruzaría los bosques de la noche, degustaría banquetes en valles profundos y encontraría el amor eterno en algún lugar al sur de Oz y al norte de Shangri-La.Por mí, pueden quedarse con su cielo. Cuando muera, prefiero ir a la Tierra Media.
"Las
canciones solitarias de Laren Dorr", el primero de los relatos de
este último grupo, es una pequeña maravilla, hermosa y triste.
Sharra es una muchacha que va saltando por distintos mundos en busca
de su amor perdido, enfrentándose a los peligrosos seres que guardan
los portales a través de los que se mueve, y que llega al mundo de
Laren Dorr, un ser inmortal, poderoso, inmerso en una condena de
soledad y tristeza, con el que convive mientras se recupera de su
último encuentro con un guardián.
"El
dragón de hielo" es el segundo relato de esta última sección.
Cuando publicaron la versión ilustrada, en algún sitio leí que era
un cuento para niños. Nada más lejos de la realidad, salvo que le
deis a vuestros hijos, sobrinos, o primos pequeños las versiones
antiguas de los cuentos clásicos, como aquella en la que el cazador
violaba a Blancanieves en el bosque, o la de Cenicienta en la que la
madrastra amputaba medio pie a las hermanas malvadas para que les
cupiera el zapatito de cristal. En ese caso, no pasará nada porque
lean sobre personas clavadas a la pared y violaciones. Dejando aparte
el tema de que si el libro tiene dragones y niños y dibujitos, tiene
que ser obligatoriamente un libro para niños, “El dragón de
hielo” es uno de los mejores relatos del libro; una niña, nacida
en la peor helada del invierno, es incapaz de relacionarse con los
demás; es fría y distante, y solo es feliz rodeada de nieve y hielo
en un refugio alejado de todos en el que pasa los días del invierno,
y donde un día descubre al dragón de hielo del título.
Cuando
compré el libro, la cajera me preguntó si tenía algo que ver con
Canción de hielo y fuego. Si eso es lo que estáis buscando,
no os molestéis en leer el libro. Si os interesa ver otra cara de
George R. R. Martin, más melancólica y serena, pero que deja ver
algunos de los temas que más tarde utilizó en Canción de hielo
y fuego (no en vano en las introducciones de las distintas
secciones del libro habla de cómo ha ido reciclando temas,
personajes, fragmentos..., cogiéndolos de relatos fallidos para
nuevas historias),y
descubrir que Martin tiene una obsesión rara con incluir la palabra
canción en los títulos, pedídselo a los Reyes Magos, que todavía estáis
a tiempo.

2 comentarios:
Tiene buena pinta y se agradece que por fin publiquen en español algunos relatos de Martin que son dificiles o imposibles de encontrar por aquí.
Genial el fragmento de Martin explicando por qué le gusta la fantasía. ¡Que se queden su cielo, yo también quiero ir a la Tierra Media!
La verdad es que sí se agradece que saquen este tipo de libros; no solo ya por los relatos, sino porque las introducciones biográficas son realmente interesantes y con algunas partes realmente divertidas (de verdad, sus peleas con el papel carbón son geniales). Y esos cuatro párrafos son magníficos, simplemente.
¡Saludos y gracias por comentar!
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