A
este paso, la etiqueta Steven Erikson va a ocupar media nube.
Es lo que tiene que Malaz: el libro de los caídos sea una de
las pocas series que estoy siguiendo actualmente (y hablo de las que
se publican a un ritmo razonable, así que no incluyo a Anita Blake
o Canción de hielo y fuego (que, de hecho, todavía no
tiene ni una entrada exclusiva en el año y medio que lleva abierto
el blog, solo la que dediqué al autor);
vamos, que excluimos cualquier cosa de Gigamesh… Por cierto, además
de publicar más y más ediciones de los cuatro primeros libros de
Canción de hielo y fuego, ¿a qué más se dedica esta
editorial?), que ya voy por la cuarta entrada dedicada a esta serie,
en este caso dedicada a La Casa de Cadenas. Antes de entrar en
materia, me gustaría plantear una reflexión: ¿por qué el
traductor ha decidido quitar el artículo que, en los tres libros
anteriores, contenían los nombres de las Casas (la Casa de las
Cadenas, la Casa de la Muerte, etc.)? ¿Solo para que parezca que
hablamos en indio, o hay alguna razón oculta que no llego a
entender?
En
una tribu de guerreros perdida en las montañas, un joven teblor
llamado Karsa Orlong se prepara para dirigir una incursión en los
territorios vecinos en busca de lucha, trofeos y, en definitiva, la
gloria que su abuelo obtuvo hace años en un viaje similar. Consigo
lleva a dos compañeros que, en cierta manera, atemperan el carácter
impulsivo de Karsa, siempre dispuesto para la pelea y la venganza en
nombre de las Caras de la Roca, los dioses de la tribu.
Erikson
vuelve a jugar al despiste, como hizo en los tres libros anteriores,
desde el comienzo, contándonos la historia del guerrero teblor a lo
largo de muchas páginas. Una historia que transcurre en un lugar
desconocido para el lector y, como se descubre después (eso si no le
has echado una ojeada a la sinopsis, claro) en una época pasada, si
consideramos la referencia de los libros previos, y que, como siempre
ocurre en los libros de Erikson, no guarda relación aparente con
nada de lo que ya conocemos, pero que, pasada la mitad del libro,
encaja sorprendentemente en la trama. Aunque, eso sí, desvela pocos
de los secretos que nos oculta el autor y plantea unos cuantos más
de los que preocuparnos.
A
diferencia del libro anterior, Memorias del hielo
(del que hablé aquí)
este es un libro más tranquilo, con
acción al final, pero menos trepidante que en el tercero, aunque se
centra en menos personajes, permitiendo conocerlos mejor que en los
libros anteriores. La verdad es que da la impresión de estar un poco
cojo, o de que Erikson se ha valido de estas setecientas y pico
páginas para terminar tramas y dejar a los personajes donde los
necesitaba para el próximo libro, algo parecido a lo que pasó con
Festín de cuervos de
George R. R. Martin.
Cuatro
libros, varios miles de páginas, decenas de tramas entrelazadas, y
cada capítulo que avanzas solo sirve para darte cuenta de que no
tienes ni idea de cuál o cuáles son los personajes principales o
las tramas importantes; de cuáles son las intenciones de la Casa de
Sombra; de por qué los Abrasapuentes son tan importantes en esa
partida que Erikson juega con nosotros, con tanta ventaja que no
siquiera sabemos con qué color jugamos nosotros. Erikson juega con
el lector, sí, y en todo momento eres consciente de ello, pero, a
pesar de eso, los libros no pierden interés.
Erikson,
junto a Martin,
son dos de los puntales de lo que por ahí llaman la fantasía adulta
actual. En la superficie no pueden ser más distintos. Erikson no
tiene la destreza de Martin para obligarte a encariñarte con sus
personajes; la relación con ellos es más fría, quizás porque,
debido a su formación como antropólogo y arqueólogo presta más
atención a los detalles de las civilizaciones y especies (¿hay
alguien más que piense que los t'lan imass son clavaditos, salvo en
lo de ser una especie de zombis, a los neandertales?), mientras que
Martin se centra en crear un culebrón con personajes magníficos. La
estructura de los libros de Malaz es, hasta ahora (recordad que
todavía quedan otros seis libros), siempre muy parecida: empiezan
varias tramas a la vez, sin relaciones entre ellas y con poca acción
(como siempre hay alguna excepción, en La Casa de Cadenas
la historia de Karsa es la única al principio), y, poco a poco, van
confluyendo hasta un estallido de acción final. Por el contrario, la
acción de Canción de hielo y fuego
se distribuye a lo largo de cada libro, con varios picos (o
cliffhangers,
como los llama mi estimado Jimmy) que hacen que no puedas soltar el
libro ni aunque vengan con una palanca.
Sin
embargo, en el fondo son parecidos: los dos te vuelven loco con
tramas entrecruzadas; ambos guardan secretos, ofreciéndote pequeñas
pistas en los lugares más insospechados (que, generalmente, tiran
por tierra todas las teorías que te había costado tanto idear), y
ninguno duda en cargarse de un plumazo a cualquier personaje, sin
importar quién sea. Y ambos te mantienen a oscuras de cuál es en
realidad el objetivo de los libros, que es la característica que yo
creo que los distingue de la mayoría de otros autores de fantasía.
Volviendo
a La Casa de Cadenas,
es, quizás, un libro de transición, pero no por ello deja de ser
interesante, y plantea otra vuelta de tuerca a la serie, quitando
importancia a las tramas que habían protagonizado el libro anterior
(apenas se habla de los jaghut y nada de Zorraplateada, por ejemplo),
y con ello dejándonos de nuevo sin nada de lo que habíamos
entendido en los tres volúmenes anteriores a lo que agarrarnos. Ya
solo queda esperar a que traduzcan y publiquen el quinto, Midnight
Tides
(previsto para octubre. Por cierto, este mes de junio saldrá La
noche de los cuchillos de
Ian Cameron Esslemont, el amiguete con el que Erikson creó el mundo
de Malaz, como ya conté aquí),
para ver si, efectivamente, es un libro de transición para recolocar
las piezas del juego o es que el nivel está bajando.

4 comentarios:
Hace poco termine de leerlo y no puedo quitarme la impresión de Erikson empieza a abusar de los deus ex machina. En este libro, por ejemplo, de pronto nos escontramos con todo un ejército de fantasmas que acaba con el ejercito de la rebelión. Vale, Erikson hace que encaje en las reglas de su mundo, pero es un poco tramposo ya.
Si no fuera por los grandes momentos (como la Cadena de Perros) o los grandes personajes (como Karsa Orlong) me plantearía dejar de leerlo, pero es que Erikson sigue siendo de lo mejorcito.
¡Muy buena reseña!
Hola, Daniel. Efectivamente, Erikson se saca de la manga varias soluciones un poco peregrinas para resolver las tramas, pero eso lo hacen todos y, a veces, con menos maña... Y ahora mismo estoy pensando en el muchacho del pelo azul de Martin, que chirría mucho más que cualquiera de las barrabasadas de Erikson, y todos nos lo hemos comido con patatas, tan campantes.
A pesar de todo, como dices, Erikson es más que recomendable, y Mareas de medianoche merece mucho la pena, ya verás, aunque parece que no tenga relación ninguna con nada de lo que ya ha pasado.
¡Saludos y gracias por comentar!
El chico del pelo azul se lo perdonamos a Martin porque es Martin que si no... bueno y porque se ha llevado elefantes (siempre he querido elefantes en Poniente XD)
Jejejeje, lo del muchacho del pelo azul fue para pegarle pedradas, con o sin elefantes, pero como lo odié tantísimo cuando terminé el libro, se me olvidó el enfado por lo de este chico...
¡Saludos!
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