jueves, 31 de octubre de 2013

Capítulo 54: de 'Espejismo (Wool)' y de cómo un edificio puede convertirse en el protagonista de un libro




Hay estrategias de venta que no entiendo. Seré muy cerrada, pero no tienen lógica para mí. Ya hablé de una de ellas, la manía de poner en las contraportadas comentarios (luego me enteré de que se llamaban blurbs) sacados de fuentes cada vez más estrambóticas, como un usuario anónimo de un foro de internet (podéis leer la entrada aquí). Pero ahora la que me preocupa es otra.

A veces, a través de Twitter o de algún boletín digital (la recomendación de la Fundéu para newsletter) de librerías empiezas a ver referencias de algún libro que parece interesante. Lo apuntas en tu lista de los deseos mental y se queda por ahí, almacenado en alguna neurona en el último rincón del cerebro. Pero la cosa sigue, lees la sinopsis y tiene buena pinta, y la gente continúa con los comentarios elogiosos, así que el título del libro va pasando cada vez a zonas de mayor consciencia en tu cerebro, desde aquella esquina polvorienta a donde fue a parar al principio, hasta que te decides a comprobar si es de verdad tan bueno como lo pintan y lo buscas para comprarlo y… no entiendes nada, porque si es un libro tan bueno y que ha montado tanto revuelo, ¿por qué no está en todos lados? Coges el ordenador y empiezas a buscar información, para, después de un buen rato (porque esto es como cuando escuchas la retransmisión de un partido de fútbol empezado; tienes que esperar hasta otro gol para que alguien, con suerte, mencione el resultado), terminar descubriendo que faltan meses para que lo publiquen. Así que otra vez vuelve el título al rincón polvoriento de tu cerebro, acompañado de un buen mosqueo porque te queda la sensación de que se han estado riendo de ti. Eso pasó este julio con Las luminosas de Lauren Beukes. Por todas partes la gente hablaba maravillas (al parecer, todo el mundo había leído un libro que no se había publicado todavía) y resulta que el libro no estuvo disponible hasta dos meses después. Lo gracioso es que, cuando por fin se publicó, apenas noté revuelo.

Algo parecido, pero en menor medida, pasó con Espejismo (Wool) de Hugh Howey. Empecé a recibir sinopsis a través de anuncios de librerías (ey, a veces así te enteras de algo interesante…), pasé por encima de la sinopsis (otro libro postapocalíptico) y me llamó la atención la frase promocional: “Si no te matan las mentiras, lo hará la verdad”. Tengo que reconocer que la frase es impactante, y me despertó el interés por el libro. El libro volvió a salir en varios boletines a los que estoy suscrita, y empecé con la búsqueda de información. El libro no estaba publicado, pero me apetecía leerlo, y una noche, antes de acostarme, leí en algún sitio algo que me llevó a tener la idea de que estaba escrito en un inglés fácil de seguir (evidentemente, lo que querrían decir es que era fácil de leer, pero un cerebro con sueño puede hacer mucho daño), así que me propuse leerlo en inglés. Tengo que confesar que, además del interés por el libro, me mataba la curiosidad sobre el título: ¿qué lleva a un autor a decidir ponerle Wool a un libro que no trate sobre ovejas y, sobre todo, a qué mente retorcida se le ocurrió traducirlo por Espejismo?

La Tierra es un yermo, con tormentas que barren el polvo arrastrando partículas tóxicas que pueden matar en minutos a cualquiera que se asome al exterior. Lo que queda de la humanidad se ha refugiado en el Silo (curiosamente, en inglés tomaron la palabra del español, allá en el siglo XIX —¿acaso esa gente no había acumulado grano antes por si venía un año malo?—. Fin de la nota filológica), una enorme construcción de más de cien plantas, en la que disponen de todo lo que necesitan: alojamiento, cultivos hidropónicos, granjas de animales, generadores de energía… Sus vidas transcurren dentro de ese edificio subterráneo desde hace generaciones, sin apenas tener un atisbo del exterior, que está monitorizado gracias a sistemas informáticos y cámaras, por si en algún momento volviera a ser habitable. Esta sociedad ha creado una serie de leyes y tabúes para adaptarse a la nueva realidad; solo las parejas que ganan un sorteo pueden tener hijos, los cielos azules y las flores de bellos colores son cuentos para niños, y, lo más importante, no se debe salir al exterior, ni mencionarlo siquiera. En una sociedad acostumbrada a reciclarlo todo (hasta los cadáveres se entierran en las granjas para servir de abono), incluso han conseguido encontrar la forma de sacar un beneficio de los que infringen las leyes: los mandan a limpiar los detectores situados en la parte más alta del Silo (la única sobre el terreno), armados de un traje protector y un paño. Eso le ocurrió a la mujer del sheriff Holston y él no ha podido soportar su pérdida y, tres años después, decide seguirla y pide salir al exterior.

Antes de leer el libro, hay dos cosas que tenéis que saber. La primera es la historia detrás del libro y el autor. Hugh Howey era un librero que escribía y que decidió autopublicar su relato Wool en Amazon, sin pasar por editoriales (si algún lector se ha puesto nervioso y está pensando “Oye, ¿pero no habíamos quedado en que esto era un libro?, ¿por qué la chiflada esta habla de relato? ¡Si en la ficha del libro dice que son 400 páginas!”, que siga leyendo, que ahora lo aclaro). Howey publicó Wool y se convirtió en un éxito, así que, al poco tiempo, escribió una continuación que también se vendió muy bien y llevó a que terminara lanzando otros tres relatos más, con lo que hizo cinco. A esas alturas todas las editoriales estaban deseando ficharlo y, al poco tiempo, habían reunido los cinco primeros relatos en una edición ómnibus, que es la que se ha traducido al español. Así que, en realidad, no estamos hablando de un libro como tal, sino de tres bloques de relatos conectados pero más o menos independientes, con un relato protagonizado por el sheriff Holston, otro por la alcaldesa Jahns y los otros tres por Juliette. Así que, cuando leáis el libro, tened esto en mente, porque veréis que se nota de alguna forma que los tres bloques, aunque presenten continuidad temporal puesto que los hechos de cada uno desencadenan inmediatamente los del siguiente, no estaban pensados como capítulos de un solo libro; de hecho, donde menos se nota esto es en los capítulos de Juliette, que fueron los escritos cuando el éxito parecía asegurado. Además, os advierto de que hay tres precuelas (First Shift - Legacy, Second Shift - Order y Third Shift - Pact) y una continuación del ómnibus Wool llamada Dust, así que la serie continúa.

La segunda cosa que debéis tener en cuenta es que aquí los personajes son lo de menos. De hecho, escribí una sinopsis centrada en la historia de Holston, pero la borré inmediatamente porque el libro no trata de los personajes. El protagonista absoluto de Wool es el Silo. Esa enorme construcción, con plantas tan gigantescas que albergan granjas enteras, autosuficiente, sin ventanas, con solo una pantalla en el piso superior que muestra imágenes del exterior, y vertebrado por la escalera de caracol que la recorre entera y que se tarda días en recorrer entera. Un lugar que ha causado tal adaptación evolutiva que los habitantes del Silo no solo no se sienten atrapados dentro, sino que sienten terror de la simple idea de que, en algún momento, tengan que salir al exterior, incluso aunque ya fuera seguro; de hecho, muchos de ellos ni siquiera sienten el más mínimo interés por observar el exterior. 

Y el Silo no solo ha moldeado los miedos de las personas que viven dentro, sino también sus costumbres: más que un lugar donde vivir, el Silo parece más una fábrica, con cada puesto de trabajo identificado por el color de la ropa, comedores comunes en los que se pagan con las fichas que dan en el trabajo y pequeños apartamentos donde dormir. La falta de espacio y la limitación de los recursos hacen que la natalidad esté fuertemente controlada, que todos los objetos deban ser funcionales y que la comunicación entre amigos o familiares esté limitada, dado que el papel es escaso y los precios de las llamadas y los correos electrónicos altísimos, y las distancias requieren horas o días de subir o bajar por la escalera, entre un tráfico endiablado de porteadores que llevan alimentos y productos de unas plantas a otras. El Silo, además, es un lugar tremendamente clasista, dividido por plantas: en el tercio más alto viven las clases altas y allí están las oficinas del alcalde y del sheriff y en las plantas más profundas de este tercio está situada la sección de Informática (IT); en el tercio central viven las personas de clase media, que suelen tener las miras puestas en ascender al primer tercio; en el último tercio, el down-deep en el libro en inglés, están las secciones de Mecánica y Suministros, y sus habitantes están muy felices en su zona y no quieren mezclarse con los de los niveles altos. Cada tercio, además, cuenta con plantas de comedores, escuelas, granjas, hospitales… Aparte de todo esto, el Silo, como todo buen protagonista que se precie, esconde muchos secretos, que solo irán desvelándose a lo largo de la historia, gracias a las acciones de los protagonistas humanos.

Espejismo (Wool) es un libro difícil de definir. En la sinopsis oficial hablan de distopía y por ahí he oído hablar de ciencia ficción postapocalíptica. Y sí, es todo eso. Pero también es la historia de un hombre desesperado, una tierna relación amorosa y un thriller de conspiraciones, todo mezclado con mucho suspense y giros de la trama que os mantendrán enganchados al libro. Sí, el libro tiene sus defectos, Howey nos va poniendo trampas a todo lo largo la historia, y hay giros que no sorprenden tanto como debieran, lo que no quiere decir que no sea un libro fascinante y más que recomendable. 

¡Ah! Una última recomendación. Si queréis disfrutar de una de las mayores sorpresas del libro, bajo ningún concepto leáis la sinopsis que aparece en la Wikipedia. Advertidos quedáis.

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