viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 58: de 'Los diez mil' y las mezclas de historia y fantasía de Paul Kearney



Últimamente han salido varios libros a los que les tenía ganas, aunque alguno de ellos (estoy pensando en el sexto de Malaz) tendré que dejarlo para las próximas vacaciones, porque ni es manejable como para acarrearlo de camino al trabajo, ni creo que leyéndolo en ratos sueltos en el autobús consiga seguir las tramas. Lo bueno es que el resto sí caben en un bolso y los puedes pasear sin miedo a sufrir tres protrusiones de columna. El primero que he leído ha sido Los diez mil, la primera parte de la nueva trilogía escrita por Paul Kearney (el de Las monarquías de Dios), y, si el trabajo me deja algún tiempo libre, pronto hablaré también de Redshirts de Scalzi y de La tierra larga de Pratchett y Baxter.

Rictus ha huido de la batalla en la que los ejércitos unidos de tres ciudades han arrasado la suya, Isca. Herido, descansa en una playa esperando la muerte cuando tres enemigos lo atrapan, le curan las heridas y lo arrastran consigo de vuelta a Isca, donde, para su sorpresa, el mayor de los tres decide liberarlo. Rictus huye hacia la granja de su familia, que ha sido asesinada en su ausencia, y luego vaga por los caminos dirigiéndose a Machran, la mayor de las ciudades de su isla. Por el camino conoce a Gasca, otro joven con el mismo destino que desea enrolarse en algún grupo de mercenarios. Una vez en la ciudad, terminan siendo reclutados por Jason para formar parte del enorme ejército que está reuniendo Phiron con un objetivo todavía desconocido.

Si habéis leído Las monarquías de Dios, en algún momento os asaltaría una sensación de déjà vu. ¿Acaso esto no se parece demasiado al viaje de Colón (pero con hombres-lobo)? Y aquellos, ¿no se parecen un poco a los musulmanes (pero con magia)? ¿Y estos no recuerdan bastante a los dominicos y a la Santa Inquisición (pero con hombres-lobo también)? A cualquiera que no se durmiera en todas y cada una de las clases de historia del colegio le suena el trasfondo de la pentalogía de Kearney, aunque sea vagamente. Cuando empecé con Los diez mil me podía la curiosidad por descubrir si Kearney había repetido la mezcla de fantasía con historia y si iba a ser capaz, con la poca historia que recuerdo del colegio, de reconocer el contexto que ha utilizado Kearney en este libro (¡hey, cada uno se entretiene con lo que puede!). Reconozco que no fui capaz. Sabía que había una Isca en el Gales romano (lo que hace leer novelas históricas), así que pensé que lo había pillado, pero aquello no casaba muy bien, y algo me hacía pensar que tenía que mirar más al sur. Hasta que hoy se me ha ocurrido buscar en la bendita internet y, al meter el título para ver si salía algún artículo sobre la historia detrás del libro, me he encontrado con esto en la Wikipedia (ojo, no paséis del primer párrafo si no queréis sufrir el spoiler del siglo) sobre la Expedición de los Diez Mil. Así que Los diez mil no deja de ser, en el fondo, una reescritura de la Anábasis de Jenofonte (sin hombres-lobo esta vez), solo que en lugar de la infantería pesada griega tenemos macht, el pueblo de Rictus, Gasca y los demás, y los persas se llaman ahora kefren.

Vale, puede que la historia del libro no sea la más original del mundo. Ya sé que hay gente que se empeña en defender que, al final, todas las historias están ya contadas, y que todo consiste en marear la perdiz con mayor o menor destreza, pero reconozco que una cosa es utilizar el tema del viaje iniciático o el amor imposible y otra es empollarte un libro de historia y darle un barniz de fantasía con unas armaduras autoajustables producidas en serie por un dios y algún yeti. Así que, ¿aporta algo el libro de Paul Kearney?

Antes de nada, seamos sinceros. Igual que me ha pasado a mí, seguro que mucha gente nunca ha oído hablar de la Anábasis de Jenofonte o de los mercenarios de Ciro el Joven. Y, probablemente, no haya mucha gente que se lance a leer la obra de Jenofonte por muy épica que sea la historia (y lo dice alguien que se leyó una edición crítica de la Ilíada sin que nadie la obligara y que disfrutó como una enana). Pero, oye, si en lugar de historia de la Grecia clásica te dicen que es fantasía, parece que coges el libro con más ganas. Y hay que reconocer que la historia es magnífica. Un ejército de mercenarios, disciplinado, enorme y terrorífico, que se enfrenta con frialdad al enemigo, aplastándolo mientras entona un canto a la muerte, recorre kilómetros a lo largo de unas tierras cuyas gentes todavía recuerdan en sus leyendas la anterior incursión de los macht, mientras pena con el calor sofocante y el resentimiento del que lo ha contratado, que lo pone a prueba en cuanto se presenta una ocasión. Y el giro que dan los acontecimientos a mitad del libro (y que en la contraportada destripan en el segundo párrafo), totalmente inesperado salvo que sepas lo que le pasó a los ejércitos de Ciro el Joven, no hace sino aumentar el interés de la historia y la empatía del lector por los macht.

Por otro lado, Los diez mil es un libro con mucha acción, tanta que, a veces, parece que no pase nada más que una batalla detrás de otra. Cierto es que Kearney no tiene la habilidad para la acción desenfrenada que demostró Abercrombie en Los héroes, y que en algunas ocasiones la narración de la lucha se le va de las manos y, por intentar que sea rápida y fluida, termina resultado atropellada y liosa (hay un asalto de caballería contra un grupo de infantería ligera en el que todo pasa tan rápido que el personaje en un momento dado está en un sitio y luego en otro, como si te hubieras saltado varios párrafos), pero eso no quita para que, en general, las escenas de guerra estén bien escritas, con sus vísceras y su barro mezclado con sangre, cosas que no hace tanto eran tan novedosas y ahora parece que ya son la costumbre.

Uno de los mayores problemas del libro, en mi opinión, son los personajes. Parece que Kearney ha dedicado más esfuerzo a darle forma al ejército de mercenarios como unidad que a cada uno de sus componentes. Gasca apenas está esbozado; es el “amigo del protagonista”, un poco paleto e inocente, que se supone que va madurando al enfrentarse a sus miedos, aunque no llegamos a conocerlo lo suficiente como para dejar de ser un estereotipo. Arkamenes solo se sale de su plano papel de hermano traicionero en un momento del libro, y Jason no arranca hasta la mitad del libro. Y no hablemos de lo que hace Kearney con el único personaje femenino, Tiryn, que desaparece durante páginas y más páginas después de la escena peor resuelta del libro, justo cuando su historia podía ponerse interesante, y cuya prácticamente única función en la trama es servir de diccionario con patas. ¡Si hasta las leyendas que cuentan sobre la diosa Antimone tienen más chicha que la trama de Tiryn! El único personaje con el que el autor se ha esmerado un poco más es con Rictus, el protagonista, e, incluso a él le falta algo de vida. En cambio, los macht como ejército están mucho más cuidados: su lealtad, su honor, su valentía, sus valores, sus leyendas, todo hace que sea más fácil empatizar con el ejército de mercenarios que con los protagonistas, y es el conjunto de los macht y su destino el que sostiene el interés del libro, más que los meros personajes, algunos de los cuales ni siquiera consiguen tener una muerte digna.

Los diez mil es una novela relativamente corta y, por lo que parece, autoconclusiva (la segunda parte de la trilogía tiene lugar veinte años después) que recoge una aventura épica, con mucha acción y con una curiosa mezcla de fantasía e historia, pero sin elfos, gnomos o dragones que puedan echar para atrás a algunos lectores (aunque me parece que ese tipo de lectores no suelen entrar en un blog que se llame como el mío...). Es un libro entretenido, que consigue que quieras saber cómo terminarán las andanzas de ese ejército de mercenarios macht, y que, aun no siendo brillante, merece la pena leer.

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