miércoles, 30 de abril de 2014

Capítulo 60: de 'Batalla de reyes', los protagonistas repelentes y el 'síndrome de Puente Viejo'


Hacía mucho que no leía ninguna novela histórica, aunque no hace tanto releí Crónicas del señor de la guerra de Bernard Cornwell. Así que cuando leí sobre la trilogía de M. K. Hume en torno a Merlín, formada por Batalla de reyes, Muerte de un imperio y Red de traiciones, que aportaba una visión realista, similar a lo que habían hecho previamente Cornwell y la misma Hume con la leyenda de Arturo, me llamó la atención y allá que fui, derecha a comprar el primer libro de la trilogía: Batalla de reyes. Lo único que puedo decir es que menos mal que ya no me dejo llevar por la ilusión y no arramblé con los otros dos libros también.

Branwyn es la nieta del jefe de los deceanglos, una tribu del Gales del siglo V. Sin que su madre le imponga ningún tipo de disciplina, Branwyn dedica sus días a recorrer las playas frente a la isla de Mona, el lugar donde los romanos exterminaron a los druidas celtas, hasta que descubre a un náufrago inconsciente, arrastrado a la costa por una tormenta. Branwyn cuida de él, soñando con que es el amor de su vida, pero se convierte en su mayor pesadilla cuando la viola tras despertar. Ella queda embarazada y, enloquecida, rechaza al niño que pare, acusándolo de ser hijo de un demonio. El niño, Myrddion Merlinus, es criado por su abuela y debe enfrentarse a la marca impuesta por su madre: su supuesto origen demoniaco despierta miedo y odio en la mayoría de personas con las que se encuentra, pero también llama la atención no deseada de los grandes poderes de la zona.

Batalla de reyes es un libro lento. Muy lento. Hay más libros lentos en el mundo, claro; Erikson suele llevar un ritmo lento en sus libros de Malaz, pero, antes o después, rompe con acción trepidante. No busquéis eso en Batalla de reyes. Hume dedica páginas y páginas a darle vueltas a detalles que no llevan a nada en la trama, o que podrían haberse resumido en unos pocos párrafos; de hecho, la guerra que da nombre al título no ocupa más de tres capítulos…, de los veintidós que tiene el libro. Quizás sea porque el libro está pensado como un conjunto con los otros dos que forman la trilogía, y el ritmo mejore en alguno de los siguientes (nunca lo sabré, porque no pienso malgastar tiempo ni dinero en leerlos), pero, si así fuera, deberían venderlos como uno solo. Si un libro pertenece a una serie de este tipo, es evidente que no va a ser autoconclusivo, ya que las historias de los personajes tienen que continuar en los siguientes; pero debería poder leerse con gusto, disfrutando de sus puntos de clímax, sus cambios de ritmo, aunque al terminarlo te quedes con las ganas de saber qué pasará después. Pero ocurre a veces que parece que los varios libros de la serie son, en realidad, uno solo, cortado y alargado sin necesidad para poder poner en las tiendas algo con lo que los lectores vayan abriendo boca mientras se terminan los demás volúmenes, o, simplemente, para sacar más pasta vendiendo x libros (donde x tiende a 3) en lugar de uno solo. No estoy segura de si es el caso con Batalla de reyes, o si los demás serán igual de lentos. De cualquier forma, ninguna de las opciones es buena.

Los personajes son planos: la loca de la madre; la dulce y maternal abuela; el bisabuelo rey, duro pero con su corazoncito tierno; la sabia curandera que mira más allá; el malo malísimo… Ninguno se salva, ni el propio protagonista. Merlín tiene carisma, es inteligente, culto, guapo, maduro, de buen corazón, valiente, habilidoso, lee latín y aprende griego por su cuenta, cita a los grandes médicos de la antigüedad… Lo que resulta un poco repelente en un adulto, en un niño lo es todavía más. Lo siento, pero estoy harta de los protagonistas sin un solo defecto, guapísimos, sabelotodos y perfectos.

Pero lo peor del libro no es todo esto. Lo peor es que es un ejemplo clarísimo del “síndrome de Puente Viejo” (Sanderson habla del “síndrome de Campbell”, y yo del “síndrome de Puente Viejo”; cada uno da para lo que da). Me explico: mi suegra es una verdadera fanática de las series españolas, sobre todo si son de época (esa etiqueta que cubre cualquier serie en la que no salgan móviles, sin importar si es de tiempos de los Reyes Católicos o de principios del siglo XX). Siguió con fervor Bandolera y ahora está totalmente enganchada a El secreto de Puente Viejo. Ni mi novio ni yo vemos la serie regularmente, pero en algún momento, aunque solo sea para comprobar si el grabador de mi suegra ha hecho alguna perrería cuando tiene que salir y deja grabando los capítulos, hemos visto trozos de Bandolera primero, y luego de El secreto de Puente Viejo. Si habéis visto esta última, aunque solo sean los anuncios de Antena 3 en los que resumen todo lo que pasará en la temporada, os habréis dado cuenta de lo bien que habla todo el mundo. Todos, sean del nivel cultural que sean, se expresan con una precisión digna de un catedrático. Da lo mismo que sea el tendero, el que recoge las lechugas o el rico del pueblo; todos disponen de un vocabulario exquisito y unas expresiones rebuscadas que parecen sacadas de la Edad Media en lugar de ser de principios del siglo XX (vale, yo no estaba por aquí en aquel entonces, pero mi abuela nació por entonces en un pueblecito y nunca habló así). Señores guionistas, salgan un poco a la calle a que les dé el aire, a ver si se dan cuenta de que un humilde campesino no habla igual que un noble, y que queda ridículo convertirlos a todos en catedráticos de la RAE. Y, ya que están, saquen también a tomar el aire a Hume y quizás en su próximo libro los niños de seis años no sean tan pedantes como su Merlín.

Mientras escribo esto he echado un vistazo a otras críticas y a todos les ha encantado. De hecho, en el puñado de críticas que he leído, la única falta que le encuentran al libro es la cantidad de erratas que tiene (es verdad, tiene unas cuantas). Yo encuentro que es un libro moroso, irritante y poco interesante, pero también es cierto que puede ser cosa mía. Cierto es que la autora ha hecho un gran esfuerzo por recrear unos tiempos oscuros y por hacer casar todas las leyendas sobre Merlín, algo que todas las reseñas que he leído remarcan mucho; pero eso no lo convierte en un buen libro. Le falta ritmo, le sobran pedanterías y los personajes son flojos. Demasiados problemas importantes para que se salve por la documentación que ha estudiado la autora para escribirlo.

1 comentario:

Unknown dijo...

Pues entonces ni se te ocurra leer la trilogia de Atila de William Napier por tu Dios!!!(sea quien sea).
Estuve a puntito de comprar el primero la profecia de Merlin,creo que para lecturas soy mas o menos como tu, ci-fi/fantasia, y a veces para desconectar alguno de historia o en menor medida un tema aleatorio pero cada vez que sufro un bodrio me encierro mas en los demas universos que raramente me fallan :D.
En todo caso gracias por el aviso xDDD me volvere como alma que lleva el diablo a acabar uno que tengo pendiente de Abercrombie!!!

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