
Debido a que mi novio me acaba de regalar la quinta parte de Sajones, vikingos y normandos (¡gracias, cielo!), esta nueva entrega sobre mis escritores favoritos está dedicada a Bernard Cornwell, mi autor de novela histórica preferido (sí, queridos lectores, de vez en cuando también leo cosas no tan frikis).
Este inglés afincado en EEUU es conocido, sobre todo, por la serie de Sharpe, un fusilero inglés en las guerras napoleónicas. Sin embargo, yo me decanto más por las novelas ya mencionadas, Sajones, vikingos y normandos, ambientadas en la Inglaterra del siglo IX; por Crónicas del señor de la guerra, sobre el rey Arturo; o por Stonehenge, sobre la construcción de ese monumento en la Edad de Bronce. Todas ellas recrean momentos muy oscuros de la historia inglesa, de los cuales apenas se dispone de datos, por lo que gran parte del relato es fantasía; no obstante, Cornwell incluye, en todos estos libros, una nota histórica en la que desgrana la parte real y la inventada de la historia, las concesiones que ha realizado para hacer la novela más coherente o interesante. Evidentemente, en la mayoría de las llamadas novelas históricas, sobre todo en las ambientadas antes o durante la Edad Media, ocurre esto, pero Cornwell, al menos, tiene la decencia de explicar qué partes no puede respaldar con la investigación histórica del momento. Otro tema que discutir es si deberían llamarse "novelas históricas" o, como se está poniendo de moda, "ficción histórica" o "fantasía histórica", denominaciones más adecuadas, en mi humilde parecer, porque, al menos, te ponen sobre aviso de que aquello no es un tratado de historia pero novelado. Pero este no es el tema del post.
El gran mérito de este autor es hacer creíble la historia, representándola en toda su crudeza. Y es que eran tiempos brutales, la gente estaba sucia, enferma, malnutrida en muchos casos, las batallas eran carnicerías sangrientas y malolientes y la justicia brillaba por su ausencia, y todo esto es lo que Cornwell nos transmite.
Con las Crónicas del señor de la guerra Cornwell aporta una versión más realista del ciclo artúrico en una Britania pagana que está siendo convertida al cristianismo y asediada por los sajones. No hay mesa redonda, ni grandes castillos, ni flamantes caballeros que buscan el Santo Grial; Arturo no es el rey bondadoso de las películas, sino un ser humano lleno de contradicciones y permanentemente torturado por las decisiones que tiene que tomar; el poder de Merlín radica en gran parte en una buena puesta en escena; y Lancelot... Bueno, eso es mejor descubrirlo en el libro. Toda la acción se vive desde el punto de vista de Derfel, un chiquillo acogido por Merlín que se convierte en guerrero al amparo de Arturo.
En Sajones, vikingos y normandos se recrea la Inglaterra de finales del siglo IX y los esfuerzos del rey Alfredo por unificar los distintos reinos mientras los vikingos desembarcan en la costa y asolan las tierras. En este caso, el narrador es Uhtred, un señor de la guerra pagano que lucha en nombre de Alfredo contra los vikingos daneses aunque lo que desea es rebanarle la garganta a su muy cristiano rey.
En ambos casos, el esquema de las novelas es el mismo: el protagonista, ya anciano, cuenta sus aventuras, aportando, con sus comentarios (generalmente al principio y al final de cada libro) una visión de lo que ocurrió al final, lo que no resta interés a la historia. Así, aunque sepamos desde el principio que Derfel se convierte al cristianismo y termina sus días como monje en un monasterio, los últimos intentos de los paganos por deshacerse de la competencia no pierden ni un ápice de interés.
Además, los dos protagonistas son parecidos: temidos guerreros con alguna relación con el enemigo contra el que combaten durante toda su vida. Personajes interesantes y carismáticos, que caen bien a pesar de sus tropelías; poderosos pero sencillos, leales a su palabra, con honor, ambos paganos y enemigos de la Iglesia cristiana. A través de sus ojos vemos a obispos bien alimentados, lujuriosos y avariciosos, más preocupados del poder terrenal que de guiar las almas de sus fieles; dirigentes de la Iglesia que falsean documentos para exigir diezmos desorbitados o que inventan reliquias para conseguir limosnas, implicados en tejemanejes para sacar cualquier ventaja, sin reparos en dirigir hordas de creyentes en contra de cualquiera que se les oponga, tenga o no razones.
En definitiva, en mi opinión Bernard Cornwell es uno de los autores de novela histórica más recomendables de la actualidad, siempre y cuando no tengas problemas con los miembros cercenados, claro (al contrario que mi abuela, que está harta de que le preste libros en los que no hay más que muertes).
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