
Volvemos con Malaz: el libro de los caídos de Steven Erikson, esta vez con el tercer volumen: Memorias del hielo (cualquier interesado puede leer mis reseñas del primer libro y del segundo).
En este libro volvemos al continente de Genebackis, ya que retoma la historia de Los jardines de la luna tras unos meses. Como gran parte de la historia gira en torno a uno de los principales hechos del final de aquel libro, será mejor que no diga más. A cualquiera que quiera profundizar en el argumento le sugiero que busque en la página web de cualquier librería, donde le destriparán el primer libro.
Mientras leía este libro pensaba si no hubiera sido mejor leerlo justo después de Los jardines de la luna, saltándome Las puertas de la Casa de la Muerte, ya que no hay relación con él. Después de todo, hubiera tenido más fresco Los jardines de la luna, lo que, dada la cantidad de personajes que hay, hubiera sido una ayuda. Después de ver el estilo de Erikson y lo que le gusta ir entrelanzando distintas historias que solo convergen al final, supongo que saltar de un hilo argumental a otro en los distintos libros no es más que repetir la estructura de cada libro en la macroestructura de la serie. De alguna manera es como una estructura fractal que repite un motivo a distintas escalas. Sin embargo, lo que se sobrelleva bien dentro de un libro, ya que unas decenas de páginas más allá se retoma la historia de esos personajes (aunque puede complicar la lectura, dada la cantidad de grupos de personajes que hay que seguir, como dije en la entrada sobre Las puertas de la Casa de la Muerte), es más complicado cuando hablamos de los saltos argumentales entre libros, más que nada porque son tochos de muchos cientos de páginas (más de ochocientas cincuenta si hablamos de Memorias del hielo, ¡que hasta costaba sostener el volumen!).
Volvamos a Memorias del hielo. Al incluir en la trama las rivalidades entre los t'lan imass y los jaghut, y entre las diferentes Casas representadas en la baraja, el libro es del estilo de Los jardines de la luna, es decir, un poco más enrevesado que Las puertas de la Casa de la Muerte.
La mayor parte de los personajes importantes pasan la mayor parte del tiempo juntos o, al menos, en contacto, por lo que los saltos entre personajes que tanto le gustan a Erikson (y que tanto he mencionado en las anteriores entradas) son menos bruscos que en los libros previos. Además, el autor profundiza más en los personajes (incluso en los que no eran conocidos de antes) y, por fin todos te llegan al corazón (para bien o para mal, claro) culminando lo que había empezado con Las puertas de la Casa de la Muerte.
Un libro lleno de batallas y enfrentamientos, con un ritmo vertiginoso y personajes mejor retratados, que no solo mantiene el nivel de la saga, sino que supera a los anteriores. Ya solo queda esperar que saquen pronto el cuarto libro: La Casa de las Cadenas.
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