
Llevo una temporada en la que tengo tantos asuntos que resolver que todos los días debo dedicar un rato a ver qué follón arreglo primero. Aunque eso no me ha impedido seguir leyendo (por supuesto), sí que he tenido que dejar apartado el blog. Pero, ¡por fin!, tengo un hueco para escribir una entrada sobre el nuevo libro de Brandon Sanderson, El aliento de los dioses, publicado en España hace tres meses.
Es un libro autoconclusivo, sin ninguna relación con los ya publicados (de los que ya hablé en el post que dediqué a Brandon Sanderson), por más que la sinopsis disponible en cualquier tienda virtual (que, como siempre, destripa gran parte del libro; el que se atreva, puede leerla en la página de la editorial, aquí) recuerde enormemente a Elantris. Por suerte, Sanderson no ha perdido la creatividad y los parecidos se quedan en el punto de partida: una princesa que va a un país vecino a casarse con el dirigente.
Para este libro, Sanderson ha creado un nuevo sistema de magia, innovador y más espiritual que los anteriores, que, en principio, está al alcance de cualquiera (no requiere sufrir una transformación, como en Elantris, ni es genético, como en Nacidos de la bruma) y del que no daré detalles porque descubrir cómo funciona es una de las tareas de las protagonistas. Al contrario que en sus otros libros, en los que la magia jugaba un papel central, en El aliento de los dioses está esbozada y funciona, más que nada, como la base de las disputas religiosas que fundamentan la historia.
Aunque todos los libros de Sanderson que he leído hasta ahora tienen un fuerte componente de crítica a la religión, este tema impregna completamente El aliento de los dioses: dos naciones que hace tiempo fueron una sola y que se separaron y están al borde de la guerra por diferencias religiosas irreconciliables. Por un lado está Idris, el pueblo natal de las dos protagonistas (curiosamente, en todos los libros de este autor hay algún personaje femenino protagonista fuerte y capaz, pero no estamos hablando de eso ahora), que recuerda a las montañas de Heidi y cuya religión predica la humildad y la contención. En el polo opuesto está Halladren, cuna de la desvergüenza y del despilfarro, donde trafican con sus almas por dinero..., o, al menos, esa es la idea que tienen en Idris de sus vecinos. Las dos protagonistas idrianas sufren la conmoción de verse inmersas en una sociedad y religión totalmente distintas, de las que han aprendido a recelar desde pequeñas. A través de estos dos personajes, Sanderson muestra uno de los grandes problemas de las religiones: cómo adaptarse a la fe de los demás (y respetarla) cuando te han inculcado que la única religión verdadera es la tuya. Un problema al que el mismo Sanderson (mormón practicante) parece enfrentarse, y del que habla periódicamente en su blog (al que, no sé muy bien por qué, "tengo prohibido" entrar y que, por tanto, no puedo enlazar; pero, si algún lector tiene interés, puede encontrar entradas suyas interesantes buscando "brandon sanderson religion" o "brandon sanderson mormon") con bastante más sentido común del que es habitual en estos casos.
Pero dejemos ese tema recurrente y que daría para varios posts y centrémonos en los personajes. Igual que en Nacidos de la bruma, todos los personajes son complejos. Los buenos tienen defectos e inseguridades que hacen que se planteen constantemente si no son unos farsantes, mientras que los malos no lo son tanto. Quizás algunos de los protagonistas, como Vivenna, sean un poco sosos (o, a lo mejor, es que es demasiado estirada para mi gusto), pero otros son geniales, como Sondeluz, el dios ateo, o Siri, que recuerda a la Arya Stark de Juego de tronos (uno de los personajes de Canción de hielo y fuego por el que siento una debilidad especial). Eso sí, ninguno es tan redondo como los de El Imperio Final (por comparar con un libro con un número similar de páginas); pero no siempre puede salir todo perfecto, ¿no?
Por lo demás, el libro tiene giros inesperados (aunque alguno sea previsible), intrigas políticas y más humor de lo que es normal en la obra de este autor. Un libro entretenido, que engancha (más por los personajes, especialmente Sondeluz, que por la trama) y que no desmerece otros libros del autor.
6 comentarios:
Lo tengo en la estantería esperando... mientras, estoy con el ciclo de Drenai, que de momento promete (estoy en el primero todavía).
Lo de los giros de guión previsibles de Sanderson ya lo comenté en el post anterior sobre él. Creo que es su punto a mejorar.
Me alegro de ver una nueva entrada en este blog... y gracias de nuevo por no destripar el argumento (malditas sinopsis).
Quino.-
Hola de nuevo, Quino.
Con el Ciclo Drenai no me he atrevido todavía, más que nada porque, en general: Serie larga + Gigamesh = desesperación más absoluta mientras esperas el nuevo libro. Y es una pena, porque es una editorial que ofrece ediciones bastante cuidadas, por un precio aceptable y que tiene muy buenos títulos; pero, en fin...
En este libro parece que Sanderson se ha esforzado un poco menos que en Nacidos de la bruma, por ejemplo. Quizás porque le interesaba más la reflexión sobre las religiones, o bien porque se dedicó en cuerpo y alma a la preparación de The Stormlight Archive, que es la nueva serie que comentaste en la entrada sobre Brandon Sanderson, y cuidó menos El aliento de los dioses.
Respecto a las sinopsis, la verdad es que son una puñeta. Por una parte, necesitas saber algo del libro para decidirte a leerlo, pero la mayoría de las veces te resumen los acontecimientos importantes de, al menos, medio libro, o directamente te destripan el final, como hizo Homer Simpson al salir del estreno de El imperio contraataca.
Muchas gracias por comentar, Quino.
¡Saludos!
“…o directamente te destripan el final, como hizo Homer Simpson al salir del estreno de El imperio contraataca”.
Qué grande es Homer, por Dios.
Mmmmm, sobre el tal Sanderson no tengo demasiado que comentar…
Esto… vale… para eso mejor no decir nada, ¿verdad?
Je, je, ¡saludos, wapísima! Este blog cada día es más grande.
Pues sí, Jimmy, Homer es, simplemente, genial. Y por mucho que repitan los capítulos, sigue haciéndome reír como siempre. El otro día pillé un capítulo a la mitad en el que Homer estaba muy feliz encerrado en el baño y cantando algo así como: "Cojo un muelle, lo tiro por el retrete, y ya son 800 muelles que el retrete se ha tragado". Entonces Marge le pregunta que si está tirando los muelles por el váter y Homer dice que no y sigue cantando: "Cojo un muelle, lo tiro por el retrete, y ya son 801 muelles que el retrete se ha tragado". ¡Magnífico!
Muchas gracias por comentar por aquí, Jimmy.
¡Besos!
Estoy leyendolo ahora mismo después de haber "descubierto" Elantris. Me ha encantado este autor, su narrativa e imaginación y su nuevo concepto .
Por cierto el blog esta muy bien y lo pongo en favoritos para seguirte.
Despues de este me pondré con Canción de Hielo y Fuego despues de leerte.
Gracias por este blog
Jose
Bienvenido, Jose.
Tienes razón, Sanderson es un soplo de aire fresco, y eso que El aliento de los dioses no es su mejor obra (aunque tengo que reconocer que hay momentos fantásticos, como la mayoría de pasajes de Sondeluz).
Ánimo con Canción de hielo y fuego. Es lo mejorcito que hay ahora mismo, pero, eso sí, resígnate a quedarte atascado maldiciendo a Martin y a Gigamesh (si es que vas a leer los libros en la edición española) por los retrasos...
Muchas gracias por tu visita y tu comentario.
¡Saludos!
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