Últimamente
tengo el blog muy descuidado. Los problemas personales han hecho que
lleve sin publicar demasiado, y que mi proyecto de ir publicando
entradas sobre la serie Juego de tronos
(la primera, aquí)
se haya estancado un poco. Aunque, eso sí, esto no quiere decir que
haya abandonado completamente Pues vaya libro friki
y, de hecho, aquí estoy de nuevo.
Vuelvo
con la reseña de otro libro: Tigana
de Guy Gavriel Kay. A pesar de que lo digo en casi todas las
entradas, esta vez sí que es imprescindible que todos los
interesados en leer el libro no leáis, bajo ningún concepto, el
resumen de la contraportada ni de ninguna librería online,
porque os fastidiarán todo el argumento (por lo menos no han contado
el secreto que esconde uno de los personajes... Por cierto, ¿qué es
lo que ganan los editores destrozando el libro en la contraportada?).
La península de la Palma es una tierra conquistada, dividida entre
dos tiranos extranjeros procedentes de dos imperios lejanos: Alberico
de Barbadior y Brandín de Igrath. Ambos magos abandonaron su tierra
por distintos motivos y están instalados en la Palma, gobernando con
mano férrea las cuatro provincias que cada uno de ellos invadió. La
muerte del antiguo gobernante de una de las provincias actualmente
regidas por Alberico, el duque Sandre de Astíbar, durante las
fiestas de la cosecha, provoca un gran revuelo en el que se ve
implicada una compañía itinerante de músicos de la que forma parte
Devin d'Asoli. Y hasta aquí puedo contar...
Lo
cierto es que Tigana
es un libro de fantasía diferente. Quizás sea por el aire italiano
que lo impregna todo (después de todo, el libro se gestó en un
viaje a la Toscana) o por la narración tranquila (ni siquiera en un
momento del libro en el que viajan con tanta prisa que casi revientan
a los caballos se nota la tensión), pero la sensación que queda
tras leer el libro es muy diferente a cualquier libro de fantasía
que haya leído antes. Quizás la que más se acerque fue la
impresión que me quedó después de la trilogía de Lyonesse
de Jack Vance (El jardín de Suldrun,
La perla verde y
Madouc), aunque los
libros de Vance no dejan el regusto melancólico (y triste, incluso)
de Tigana.
Como
viene pasando últimamente, los autores cada vez cuidan más a sus
personajes (eso, o es que yo me he vuelto más selectiva, que todo
puede ser). Todos los personajes de Tigana
tienen sus matices que los hacen más humanos (sobre todo Brandín y
Alessan); incluso para los que parecen más planos al principio
(Baerd, por ejemplo), llega un momento en el que se cuentan hechos
que justifican su forma de ser. Curiosamente, Devin, que se puede
considerar el personaje conductor de la trama, es el menos
interesante, un joven que se dedica a mirar cómo pasan la mayoría
de acontecimientos por delante de él. Desde luego, el personaje más
interesante, con diferencia, de todo el libro es Dianora, la
concubina de Brandín. Su historia de amor con Brandín
(magníficamente contada, con un detalle que se echa de menos en las
historias de otros personajes, como si no terminara de pegar con el
resto del libro) es serena y reposada en la superficie, aunque en la
profundidad bulle un secreto que la tortura.
La
única gran pega del libro es el personaje de Alberico. Un poderoso
mago, dueño y señor de la mitad de la Península, pretendiente al
trono de Ygrath, debería tener más trasfondo, más entidad de la
que tiene. No sé si a alguno os sonarán las historietas de Iznogud; este personaje era el visir del
califa Harún y todo su interés era llegar a ser califa en lugar del
califa (¿por qué todos los visires son malos?), así que pasaba sus
días tramando planes malignos (y muy torpes) para deshacerse del
califa y ponerse en su lugar.
Pues Alberico es igual, sobre todo a
medida que avanza la narración. Cada vez se vuelve más desquiciado,
hasta el punto de que llegas a dudar de que ese tipo de verdad
consiguiera conquistar y mantener sus cuatro provincias durante años,
y no comprendes cómo los habitantes sojuzgados por él o el mismo
Brandín no lo han borrado de un plumazo. El problema es que un
personaje así de plano, que no destacaría en otro libro, chirría
demasiado entre los otros protagonistas de Tigana,
haciendo que pierdas el hilo al ponerte a pensar en lo mal escrito
que está Alberico.
En
fin, Tigana es un
libro muy interesante (además es autoconclusivo), aunque no
recomiendo su lectura a cualquiera que tenga, por lo que sea, un mal
momento, porque es muy difícil quitarte de encima la sensación de
tristeza (por mucho que el autor lo intente arreglar en epílogo) que
se te queda pegada a la piel tras terminarlo.


2 comentarios:
Buenas a todos,
soy nuevo por aquí, y la verdad es que hace poco que he descubierto Pues vaya... y la verdad, es que me he enganchado a todos (weno, a este mas que a los otros). Solo quería comentar que me parece genial este blog, de los mas interesantes que he leído últimamente, y que ojala sigas dedicándole un rato de vez en cuando.
Y por cierto también quería darte las gracias, por que tuya es la culpa de que haya comenzado la aventura de mundodisco. Yo también soy un forofo de la literatura de fantasía y ya iba necesitando algo realmente bueno que leer.
Mi enhorabuena personal, y que te podamos leer mucho tiempo.
Hola, Asmund, bienvenido a Pues vaya libro friki.
Muchísimas gracias por tu comentario, la verdad es que anima mucho leer comentarios así. Seguro que a Jimmy también le ha gustado, por la parte que le toca como sátrapa del grupo Pues vaya.
Desde luego tengo la intención de seguir con el blog, ¡así que queda Pues vaya libro friki para rato! Y por supuesto, seguiré con Pues vaya tele ahora que Jimmy se ha tomado una temporada sabática.
Me alegro de que te hayas aficionado al Mundodisco. Es genial, yo creo que nunca me he reído tanto con un libro como con los de Mundodisco... Lo único malo es el cachondeo que se traen al publicarlos, dejando huecos (como cuando publicaron El país del fin del mundo antes de Tiempos interesantes, donde explican cómo llega Rincewind a Australia..., perdón, a XXXX). Pero merecen la pena.
¡Saludos!
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