viernes, 30 de septiembre de 2011

Capítulo 23: del primer capítulo de 'Juego de tronos' y los desajustes entre cómo me imaginaba a los personajes y los actores que los encarnan


Tengo un problema. Por fin me he decidido a escribir sobre la adaptación televisiva de Juego de tronos (de la que hablé hace muchísimo tiempo aquí), después de que mi novio insistiera hasta la saciedad (aunque la gota que colmó el vaso fue la llamada de un amigo de mi novio, llamémosle J. C., para preguntarme si se compraba el primer libro o podía pasar directamente al segundo, porque no había pegado ojo para poder verse los cuatro o cinco episodios últimos seguidos, y estaba tan enganchado que no quería esperar un año para saber qué pasaba en el siguiente libro).

Cualquiera de los que entréis en Pues vaya libro friki regularmente sabréis de sobra de qué voy a hablar (y los que no, ya estáis tardando, que conocer la saga de Martin es imprescindible para cualquier lector de fantasía que se precie). Eso sí, cualquiera que esté interesado en ver la serie o leer los libros y todavía no lo haya hecho, que se ande con ojo, porque, como mi idea es escribir una entrada por cada episodio, por poco que cuente destriparé cosas. Así que, aunque avisaré antes de los spoilers gordos, quedáis avisados.

Así que parece que ya podemos empezar por el principio, que no es ni más ni menos que los maravillosos títulos de crédito:




¿Podían hacerlos más bonitos e informativos a la vez? Pues no, no podían, ya os lo digo yo. En apenas dos minutos te muestran la geografía de los Siete Reinos y las tierras más allá del mar, y las poblaciones relevantes para ese capítulo (que van cambiando a lo largo de la serie), con esas maquetas preciosas de las estructuras principales que se van ensamblando solas (¡ese precioso árbol corazón de Invernalia!), todo envuelto en una música que te envuelve y te arrastra a lo ancho y largo del continente (y que, todo hay que decirlo, terminas tarareando a la menor ocasión, además de funcionar como los condicionamientos de Pávlov, puesto que a los pocos capítulos es oír la música y ponerte a dar saltitos histéricos). Aunque ya sería una maravilla solo por esto, además han tenido tiempo de meter guiños a los que hemos leído los libros (si no me creéis, fijaos en los anillos metálicos).

El primer capítulo, Winter is coming, empieza tal y como lo hace el libro Juego de tronos (por cierto, ¿por qué la serie no se ha llamado Canción de hielo y fuego sino Juego de tronos? Después de todo, se supone que los planes de la HBO son adaptar todos los libros, y Juego de tronos es solo el primero...), con tres hombres de la Guardia de la noche adentrándose en los bosques de más allá del Muro, en un prólogo que sorprende (igual que me sorprendió a mí en el libro) dado que, aparentemente, no tiene relación con nada de lo que ocurrirá posteriormente. Sin embargo, da una idea de cómo va a manejar Martin a los personajes, puesto que en tan poco tiempo se ha cargado a tres.

La siguiente escena es la presentación de los Stark de Invernalia. Para los que conocemos la historia, es una forma magnífica de mostrar las principales características de todos: Bran, el niño que quiere parecerse a sus hermanos mayores; Catelyn y Ned, los padres orgullosos y cariñosos; Sansa, la dama perfecta; Arya, la chiquilla inquieta que se siente atraída por las cosas de chicos; Jon, el bastardo, aceptado por unos y rechazado por otros.

La historia sigue sin separarse del libro demasiado (aunque, ¿a qué viene esa conversación de Cersei y Jaime en el velatorio de Jon Arryn sobre su secreto, si va a desvelarse en tan poco tiempo? ¿O la escena en la que les cortan el pelo a Jon, Robb y Theon, que no aporta mucho más que verlos descamisados?), aunque omitiendo algunos personajes: Rikon (el hijo pequeño de los Stark; quien, después de todo, tampoco es que aporte mucho en los libros...); los niños pequeños de Cersei, Myrcella y Tommen...

El capítulo termina con una de las frases más famosas de los libros (después de se acerca el invierno, claro): qué cosas hago por amor; otra muestra más de lo cruel que puede llegar a ser George R. R. Martin. (Atención, spoiler). Un final tan impactante que mi madre se enfadó de tal modo que decidió no ver más la serie, lo que ciertamente es un error, ya que este acontecimiento no es solo un ejemplo del sadismo de Martin con sus personajes, sino de cómo juega con sus lectores, haciéndoles ver las cosas de ciertas maneras que no siempre se ajustan a la realidad... (Fin del spoiler).

El principal problema de este capítulo (y de gran parte de la serie) es lo denso que es para los no iniciados. Tantos personajes (y todos los que no se han incluido, como los guardias y sirvientes de Invernalia) en tan poco tiempo es demasiado para alguien que no conozca la historia. Tanto es así, que mi novio, a pesar de llevar años oyéndome hablar de unos y otros, solamente se quedó con unos pocos personajes: el Enano, el bastardo (después de tanto oírme hablar de Jon Nieve, uno de mis personajes preferidos, sí se quedó con el nombre), Nedestark (así, en plan La hora chanante), el niñito (Bran) y la chica de Gengis Khan (Daenerys y Khal Drogo). (Atención, spoiler). Pero lo peor es que terminó con la impresión de que Ned ¡era malo!, porque decapitaba gente por decir que habían visto fantasmas, porque tenía un bastardo y porque en el segundo capítulo dejaba tirada a la mitad de la familia en Invernalia a pesar de lo que le había pasado a su hijo. Una pena que no haya tiempo para caracterizarlo mejor, porque yo siempre he tenido a Ned por un hombre íntegro, justo, leal a su familia, con honor (Fin del spoiler).

Una de las cosas que me ha preguntado la gente que ha visto la serie y no ha leído los libros es si me imaginaba así a los personajes. Sinceramente, hay algunos actores que me resultan perfectos y otros que no. Por ejemplo, Emilia Clarke (Daenerys), con veintipocos años, es mucho mayor que el personaje que interpreta (de unos catorce años); a pesar de eso (y de no tener los ojos violetas), le da a Dany la belleza, dulzura e inocencia que necesita, aunque, cuando es necesario, también le aporta dureza de algunos momentos.

Algo parecido pasa con Jon Nieve, que pasa de ser un chavalillo delgaducho de unos 15 años a un tipo fuertote de 25, que, personalmente, me cuesta aceptar (¡ese no es mi Jon!). O con Michelle Fairley (Catelyn Stark); su personaje debe rondar los 35, unos 10 años menos que la actriz, quien, sin embargo, a pesar del cambio de edad cuadra bien con una Catelyn que fue una belleza de joven.




Y vale, Maisie Williams (Arya Stark) no tiene la cara alargada que a su personaje le vale el sobrenombre de Caracaballo, pero es una Arya magnífica: pícara, aventurera, rebelde...




Por último, quiero hablar de otro de mis personajes preferidos: Tyrion Lannister, interpretado magistralmente por Peter Dinklage. El Enano es uno de los mejores personajes de toda Canción de hielo y fuego y, gracias a los dioses antiguos y a los nuevos, en la serie lo han mimado todo lo que hace falta.




En definitiva, el primer capítulo de Juego de tronos es un magnífico comienzo para la serie y hará disfrutar tanto a los seguidores de los libros como a los que no los conozcan de nada (aunque estos deberán hacer un esfuerzo para no perderse con tanto personaje).

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