Cuando traje
a casa La noche de los cuchillos
de Ian C. Esslemont, mi novio se indignó porque un intruso estuviera
publicando libros de Malaz. Ahora que ya había asumido que Martin no
es un fraude que se copió las R de Tolkien para parecer más
importante, le tocaba lidiar con las series escritas a varias manos
(menos mal que no me conocía cuando leí la Dragonlance, porque ese
follón de autores lo hubiera sacado de sus cabales). Y, pese a que
le expliqué que Erikson, el autor de todos los libros de Malaz que
habían pasado por casa hasta ese momento, y Esslemont son amigos
(siempre que digo eso mi cerebro piensa "y residentes en
Madrid". El Un, dos, tres
marcó a fuego mi maleable mente infantil), y que crearon Malaz a
medias, todo este asunto no termina de parecerle bien. Mi novio
sostiene que si Erikson empezó con los libros, debería seguir
encargándose él. Y que, de todas formas, si la idea era de los dos,
por qué ese tal Esslemont tardó tanto en ponerse a escribir
(Erikson publicó Los jardines de la luna
en 1999, mientras que La noche de los cuchillos
no vio la luz hasta 2004), y decirle que estuvo liado con un
doctorado no hace sino que se empeñe en que eso demuestra que se
subió al carro cuando vio que a su amigo le iba bien.
Pero
pasemos al libro. Una convergencia se acerca y a la isla de Malaz,
origen del Imperio pero ya sin demasiada importancia estratégica o
política, comienzan a llegar una serie de personas con aspecto
importante y sospechoso, lo que atrae el interés de Kiska, una
jovencita cuyo sueño es pertenecer a la Garra, el servicio secreto
del Imperio de Malaz. Pero como todo tiene su opuesto, mientras que
ese revuelo encubierto atrae a Kiska, repele a un veterano soldado,
Temple, que intenta a toda costa que no le salpique ninguna de las
conjuras que se huele que convergirán en la isla al mismo tiempo que
la conjunción. Así, una buscando la forma de entrometerse, y el
otro intentando apartarse, ambos se ven metidos de lleno en la noche
que dará forma al Imperio.
Como
ya sabréis los que hayáis leído los libros de Erikson, La
noche de los cuchillos narra
acontecimientos anteriores a lo que ocurre en Los jardines
de la luna, mencionados con más
o menos detalle en los libros de Erikson y que determinan el
equilibrio de poderes tanto dentro del Imperio de Malaz como entre
las Casas de la Baraja que encontramos en Los jardines de
la luna y los libros
posteriores. Lo bueno de esto es que no es imprescindible leer La
noche de los cuchillos antes que
los de Erikson, o viceversa, para entender las dos series, porque,
aunque lo que ocurre en el libro de Esslemont determina la situación
de partida de los de Erikson, no aporta información que vaya a
ayudar a entender la serie de Erikson. Y con esto tan enrevesado (mi
pobre novio, que siempre se lee mis entradas, ahora estará con cara
de vaca mirando al tren sin entender nada) he intentado explicar la
trama sin destripar demasiado ni el propio libro ni ciertos detalles
que Erikson va desvelando en sus libros. Como siempre, si alguien
quiere profundizar en el asunto no tiene más que darle la vuelta al
libro y leer la contraportada, o buscar la sinopsis por ahí.
Respecto
al libro en sí, lo cierto es que tiene poco que ver con los de
Erikson. Mientras que este se complace en retorcer tramas sin
relación aparente entre ellas hasta conseguir que todo encaje en una
pequeña imagen que sabes que forma parte de ese rompecabezas cuyos
límites todavía están escondidos en la bruma, en La
noche de los cuchillos todo es
más reducido. Muchas menos páginas (unas trescientas, frente a las
más de setecientas de La Casa de Cadenas),
menos personajes, menos tramas y más simples, menos sendas y menos
Casas metiendo baza en los acontecimientos... Todo más sencillo...,
en principio. Porque la forma de escribir de Esslemont es bastante
rebuscada (o la traducción deja mucho que desear) y dificulta el
seguir la historia, y el clímax final es confuso y apresurado,
además de que, en mi opinión, le dedica demasiado tiempo a una
subtrama que, aparentemente, no tiene relación con la historia
principal ni aporta demasiado al libro.
En
las entradas anteriores sobre los libros de Malaz
me he quejado de que es difícil encariñarse con los personajes, que
la relación del lector con ellos es mucho más fría que en los
libros de otros autores (en esta entrada
ya hablé de este tema, comparándolo con Martin), de forma que lo
que te engancha es la historia y no tanto el destino de los
personajes. Lo bueno de los libros de Erikson es que, habiendo tantos
personajes, si en un momento dado no te interesa uno de ellos siempre
puedes refugiarte en los demás. El problema de La noche de
los cuchillos es que solo hay un
puñado de personajes (no muchos más que Kirska y Temple, en
realidad), y tampoco son demasiado interesantes (Temple es bastante
más atractivo, sin ser nada del otro mundo, que Kirska), así que
adolece de los problemas de la serie de Erikson sin que la variedad
te anime a seguir.
Para
mí, La noche de los cuchillos
no mantiene el nivel de los libros de Malaz escritos por Erikson, y
su interés radica en la curiosidad por conocer más a fondo la
historia del Imperio de Malaz. Incluso así, no creo que nadie se
pierda demasiado si decide no leerlo, ya que se pueden seguir los
libros de Erikson sin ningún problema sin haberlo leído. De hecho,
si hubiera empezado por La noche de los cuchillos,
probablemente no hubiera seguido con Los jardines de la
luna.

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