miércoles, 31 de octubre de 2012

Capítulo 42: de 'La noche de los cuchillos' y las diferencias entre Esslemont y Erikson


Cuando traje a casa La noche de los cuchillos de Ian C. Esslemont, mi novio se indignó porque un intruso estuviera publicando libros de Malaz. Ahora que ya había asumido que Martin no es un fraude que se copió las R de Tolkien para parecer más importante, le tocaba lidiar con las series escritas a varias manos (menos mal que no me conocía cuando leí la Dragonlance, porque ese follón de autores lo hubiera sacado de sus cabales). Y, pese a que le expliqué que Erikson, el autor de todos los libros de Malaz que habían pasado por casa hasta ese momento, y Esslemont son amigos (siempre que digo eso mi cerebro piensa "y residentes en Madrid". El Un, dos, tres marcó a fuego mi maleable mente infantil), y que crearon Malaz a medias, todo este asunto no termina de parecerle bien. Mi novio sostiene que si Erikson empezó con los libros, debería seguir encargándose él. Y que, de todas formas, si la idea era de los dos, por qué ese tal Esslemont tardó tanto en ponerse a escribir (Erikson publicó Los jardines de la luna en 1999, mientras que La noche de los cuchillos no vio la luz hasta 2004), y decirle que estuvo liado con un doctorado no hace sino que se empeñe en que eso demuestra que se subió al carro cuando vio que a su amigo le iba bien.

Pero pasemos al libro. Una convergencia se acerca y a la isla de Malaz, origen del Imperio pero ya sin demasiada importancia estratégica o política, comienzan a llegar una serie de personas con aspecto importante y sospechoso, lo que atrae el interés de Kiska, una jovencita cuyo sueño es pertenecer a la Garra, el servicio secreto del Imperio de Malaz. Pero como todo tiene su opuesto, mientras que ese revuelo encubierto atrae a Kiska, repele a un veterano soldado, Temple, que intenta a toda costa que no le salpique ninguna de las conjuras que se huele que convergirán en la isla al mismo tiempo que la conjunción. Así, una buscando la forma de entrometerse, y el otro intentando apartarse, ambos se ven metidos de lleno en la noche que dará forma al Imperio.

Como ya sabréis los que hayáis leído los libros de Erikson, La noche de los cuchillos narra acontecimientos anteriores a lo que ocurre en Los jardines de la luna, mencionados con más o menos detalle en los libros de Erikson y que determinan el equilibrio de poderes tanto dentro del Imperio de Malaz como entre las Casas de la Baraja que encontramos en Los jardines de la luna y los libros posteriores. Lo bueno de esto es que no es imprescindible leer La noche de los cuchillos antes que los de Erikson, o viceversa, para entender las dos series, porque, aunque lo que ocurre en el libro de Esslemont determina la situación de partida de los de Erikson, no aporta información que vaya a ayudar a entender la serie de Erikson. Y con esto tan enrevesado (mi pobre novio, que siempre se lee mis entradas, ahora estará con cara de vaca mirando al tren sin entender nada) he intentado explicar la trama sin destripar demasiado ni el propio libro ni ciertos detalles que Erikson va desvelando en sus libros. Como siempre, si alguien quiere profundizar en el asunto no tiene más que darle la vuelta al libro y leer la contraportada, o buscar la sinopsis por ahí.

Respecto al libro en sí, lo cierto es que tiene poco que ver con los de Erikson. Mientras que este se complace en retorcer tramas sin relación aparente entre ellas hasta conseguir que todo encaje en una pequeña imagen que sabes que forma parte de ese rompecabezas cuyos límites todavía están escondidos en la bruma, en La noche de los cuchillos todo es más reducido. Muchas menos páginas (unas trescientas, frente a las más de setecientas de La Casa de Cadenas), menos personajes, menos tramas y más simples, menos sendas y menos Casas metiendo baza en los acontecimientos... Todo más sencillo..., en principio. Porque la forma de escribir de Esslemont es bastante rebuscada (o la traducción deja mucho que desear) y dificulta el seguir la historia, y el clímax final es confuso y apresurado, además de que, en mi opinión, le dedica demasiado tiempo a una subtrama que, aparentemente, no tiene relación con la historia principal ni aporta demasiado al libro.

En las entradas anteriores sobre los libros de Malaz me he quejado de que es difícil encariñarse con los personajes, que la relación del lector con ellos es mucho más fría que en los libros de otros autores (en esta entrada ya hablé de este tema, comparándolo con Martin), de forma que lo que te engancha es la historia y no tanto el destino de los personajes. Lo bueno de los libros de Erikson es que, habiendo tantos personajes, si en un momento dado no te interesa uno de ellos siempre puedes refugiarte en los demás. El problema de La noche de los cuchillos es que solo hay un puñado de personajes (no muchos más que Kirska y Temple, en realidad), y tampoco son demasiado interesantes (Temple es bastante más atractivo, sin ser nada del otro mundo, que Kirska), así que adolece de los problemas de la serie de Erikson sin que la variedad te anime a seguir.

Para mí, La noche de los cuchillos no mantiene el nivel de los libros de Malaz escritos por Erikson, y su interés radica en la curiosidad por conocer más a fondo la historia del Imperio de Malaz. Incluso así, no creo que nadie se pierda demasiado si decide no leerlo, ya que se pueden seguir los libros de Erikson sin ningún problema sin haberlo leído. De hecho, si hubiera empezado por La noche de los cuchillos, probablemente no hubiera seguido con Los jardines de la luna.

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