Hace bastantes años que compré La
trilogía de Lyonesse de Jack Vance, y desde entonces la he releído varias
veces. Como soy una friki solitaria, no sabía quién era Jack Vance
(creo que la primera vez que me guié
por las opiniones de la gente en foros y demás fue cuando compré Juego de tronos allá en 2003; aunque me
fue estupendamente bien –ahí sigo, enganchada, amando y odiando a Martin a partes iguales–,
hay algo en mí que todavía me lleva a rebuscar en las estanterías físicas o
virtuales de las librerías en pos de ese chispazo que destaca a un libro entre
todos los demás, igual que cuando llegaba el verano y con doce o trece años me
encerraba en una librería toda la mañana para, con los ahorros del año, llenar
de libros mis vacaciones. Y tampoco puedo decir que reciba consejos de amigos,
porque la última vez que una amiga me recomendó un libro de fantasía fue cuando
descubrí a Pratchett, allá por primero o segundo de carrera… Gran parte de mis
libros preferidos los descubrí a través de corazonadas…, aunque también he metido la pata hasta el fondo por culpa de mi manía de no informarme).
No sabía nada de los libros, ni de su autor, pero me llamó la atención El jardín de Suldrun. Lo leí, y al poco
cayeron La perla verde y Madouc, los libros que completan La trilogía de Lyonesse.
Las islas Elder, situadas en el golfo de Vizcaya y actualmente
desaparecidas tras un cataclismo (esto le va a encantar a mi novio, que siente
un profundo rechazo ante cualquier mundo de fantasía o ciencia ficción cuyas
coordenadas espaciales no aparezcan detalladas, a ser posible en la primera
página, y que todavía está traumatizado porque nadie le consigue explicar dónde
demonios está la Tierra Media) se han ido dividiendo a lo largo del tiempo en
distintos reinos. Lyonesse es uno de ellos, y su gobernante, el rey Casmir,
está obsesionado por reunificar las islas en un solo reino del que, por
supuesto, él sería el monarca. Casmir conspira desde su palacio en la ciudad de
Lyonesse, mientras su hija Suldrun, una muchacha arisca y solitaria, crece sin
que nadie repare demasiado en ella, hasta que se convierte en una joven
casadera y su mano se convierte en una valiosa pieza en la política de su
padre. El único problema es que Suldrun rechaza el matrimonio que ansía su
Casmir, desatando la ira del rey, lo que provoca que recluyan a Suldrun en el
jardín del título. Esto llevará a que uno de los personajes no descanse hasta
lograr vengarse de Casmir.
Política, venganzas, aventuras, magia, ogros,
hadas, duendes, puertas a otros mundos, el Grial, la Mesa Redonda de Arturo, príncipes
galantes, reyes justos, magos intrigantes, gentiles damas, pícaras semihadas…,
Vance utiliza todo lo que se pueda imaginar, desde la mitología celta a la
tradición caballeresca medieval, y lo entremezcla en un mundo rico en colores,
vívido y trepidante, envuelto en un aire de cuento de hadas clásico que te
transporta a la infancia, haciéndote olvidar que mucho de lo que se cuenta en
los libros, por ejemplo, las relaciones amorosas/sexuales que aparecen en la
trilogía, son más propias de las versiones antiguas y truculentas de los
cuentos tal y como eran antes de Perrault, Andersen y los Grimm (el príncipe no
besa a la Bella Durmiente, sino que la viola; la madrastra de Cenicienta corta
los dedos de los pies a las hermanastras para que les quepa el zapato de
cristal…) que de las adaptaciones de Disney.
La historia principal no es complicada, pero está llena de subtramas
que llegan a convertirse en el sostén de gran parte de los libros, como el
viaje a Tanjecterly, que podría haberse quedado en una mera anécdota, pero que
Vance alarga para desarrollar la relación amorosa entre dos de los personajes.
Por otro lado, estas subtramas dan pie a que personajes que, en principio,
pensabas que iban a ser los protagonistas, resulten no ser más que una excusa
para desencadenar la acción principal, mientras que otros que parecían
secundarios, adquieren gran importancia a lo largo de los libros.
La trilogía de Lyonesse es una lectura agradable, ligera, pero que esconde la maestría de un
autor (que, ojo, ganó el World Fantasy Award
por sus logros como escritor, uno de los premios más importantes en el campo de
la novela fantástica) que ha sido capaz de coger un batiburrillo de influencias
y mezclarlas magistralmente, como si todas ellas formaran parte natural de una
única mitología.

2 comentarios:
Estoy de acuerdo con tu novio: ¿por dónde cae la Tierra Media? Da una pista, aunque sea aproximada.
La muchacha de la portada parece muy simpática.
Ay, otro con la Tierra Media a vueltas... Un día te presentaré a mi novio; seguro que hacéis buenas migas.
Lo mejor es que estoy segura de que, cuando te diga lo que decía Tolkien, te pondrás a discutir el asunto... Pero, en fin, habrá que arriesgarse. Te cito la página de la Tierra Media en la Wikipedia: "El escenario de la Tierra Media ocurre en un periodo ficticio en el pasado de la Tierra. Tolkien insistió en que la Tierra Media es la Tierra en varias de sus cartas, de las cuales una (núm. 211) calculó el fin de la Tercera Edad en 6.000 años antes de sus propios tiempos". Para más información, aquí tienes el enlace de la Wikipedia.
Por cierto, un uso curioso de la palabra "simpática" para referirte a Madouc en la portada...
¡Besos!
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