Mi hermano tiende a elegir los libros que me regala siguiendo unos criterios un tanto… especiales. Con decir que una vez me regaló un libro titulado Yo mato porque “¡las letras del título están escritas con sangre!” (sic), creo que ya os podéis hacer una idea. Por mi último cumpleaños, según él mismo reconoció, estuvo en un tris de comprarme Cincuenta sombras de Grey (aunque no conseguí sonsacarle qué era lo que le había llamado la atención del título), pero se enteró del argumento a tiempo y, viendo que iba a tirárselo a la cabeza, terminó cogiendo La Compañía Negra, de Glen Cook, una edición ómnibus que reúne La primera crónica, Sombras fluctuantes y La Rosa Blanca. Por una vez acertó de pleno (aunque, ojo, que Yo mato fue un exitazo en mi casa).
La Compañía Negra es la última de las Compañías de Khatovar. Son un pequeño ejército de mercenarios que van vendiendo sus servicios al mejor postor, evitando los enfrentamientos siempre que pueden resolver los problemas con argucias. Su último empleo los ha llevado a Berilo, donde el Síndico, su empleador, está perdiendo apoyos para mantener el gobierno de la ciudad. Augurando problemas para la Compañía, el Capitán decide aceptar la oferta de Atrapaalmas, un secuaz de una poderosa hechicera conocida como la Dama, que los arrastra hacia el norte, a participar en las guerras que la Dama mantiene con los rebeldes que intentan destruirla.
La verdad es que yo hubiera preferido una sinopsis en la cubierta más parecida a la que acabo de escribir que a la que aparece en el libro:
Lejos de princesas elfas, príncipes prometidos, grandes palacios y mundos de ensueño, Glen Cook ha preferido un acercamiento más terrenal al género: un grupo de mercenarios envueltos en toda suerte de fregados, batallas, apuros y lances fantásticos para ganarse su honesto jornal teniendo como única herramienta el acero. Ellos serán nuestros ojos.«Antiguamente, nuestra unidad constaba únicamente de soldados negros, de ahí nuestro nombre. La lenta deriva hacia el norte ha resultado no solo en la disminución de nuestro número, sino también en un cambio en nuestro aspecto. Un Ojo es el único hombre negro que queda hoy en día.Somos la última de las Doce Auténticas Compañías. Hemos sobrevivido más de un siglo a las demás, pero temo que nos encontremos en nuestro ocaso. Siento que esta puede ser la última misión. Una página de la historia está a punto de pasar, y una vez lo haga, las grandes hermandades guerreras quedarán destruidas y olvidadas.»Pero el soldado estaba equivocado...
Sinceramente, cuando le di la vuelta al libro y me encontré ese texto de arriba, recelé un poco. El primer párrafo parece sacado de alguna dragonada con ínfulas, y los restantes tampoco es que atrajeran demasiado mi atención. De hecho, el libro estuvo esperando su turno en mi mesilla varios meses (junto con otro de los regalos de mi hermano: Una, grande y zombi. Os juro que le he dado un par de oportunidades, porque el pobre lo intenta, pero no puedo con ese libro. Los zombis como tema principal no son lo mío, pero lo que realmente me repatea es el estilo del autor, rococó y cargante hasta decir basta, que hace que me entren ganas de cortarme las venas a la segunda página). Hasta que llegó un día en que me quedé sin nada que leer en el transporte público (desde que conseguí leer en el autobús sin marearme me he vuelto una yonqui; ya no sé ir mirando la gente pasar). Ese día sopesé La Compañía Negra, comprobé si me cabía en el bolso (mi suegra me mira raro cuando me ve con un bolso enorme y ve que llevo dentro poco más que el móvil, el monedero y el bonobús. Pero es que ni los libros de bolsillo caben en un bolso pequeño…); probé a colgarme el bolso por si me herniaba con el peso, y empecé a leerlo en el metro. Y la verdad es que me enamoré del libro leyendo su primera página:
Un relámpago surgido de un cielo despejado destruyó la Colina Necropolitana. Un rayo golpeó la placa de bronce que sella la tumba de los forvalakas, anulando la mitad del conjuro de confinamiento. Llovieron piedras. Las estatuas sangraron. Los sacerdotes en varios templos informaron de víctimas sacrificiales sin corazones o hígados. Una víctima escapó después de que fueran abiertas sus entrañas y no fue recapturada. En los Acuartelamientos de la Bifurcación, donde eran alojadas las Cohortes Urbanas, la imagen de Teux se volvió completamente del revés. Durante nueve noches consecutivas, diez buitres negros dieron vueltas sobre el Bastión. Luego uno expulsó al águila que vivía en la Torre de Papel.Los astrólogos se negaban a hacer lecturas, temiendo por sus vidas. Un adivino loco vagaba por las calles proclamando el inminente fin del mundo. En el Bastión, el águila no sólo se fue, sino que la hiedra de las defensas exteriores se marchitó y dio paso a una enredadera con un aspecto completamente negro excepto a la más intensa luz del sol.Pero eso ocurre todos los años. En retrospectiva los estúpidos pueden convertir cualquier cosa en un presagio.Hubiéramos debido estar mejor preparados. Teníamos cuatro hechiceros modestamente buenos para montar guardia contra los mañanas depredadores..., aunque nunca en absoluto tan sofisticados como para adivinar a través de las entrañas de una oveja.De todos modos, los mejores augurios son aquellos que adivinan a partir de los portentos del pasado. Compilan registros fenomenales.
El sentido del humor amargo e irónico de Matasanos, el narrador, que fue lo que me ganó en las primeras páginas, impregna en mayor o menor medida todo el libro. Además, me resultó muy interesante que la Compañía, a pesar de ser un grupo de mercenarios que no dudan en venderse al mejor postor (entiéndase por “mejor postor” aquel que tenga más dinero o menos líos en un futuro próximo), tuviera un código moral bastante estricto, y que prefirieran solucionar los problemas mediante maniobras arteras (o todo lo arteras que pueden, teniendo en cuenta las incesantes trastadas de Un Ojo y Goblin) antes que a espadazos. Por lo demás, el libro tiene algunas batallas campales y muchas escaramuzas y operaciones encubiertas que hacen que el ritmo no decaiga.
El protagonista absoluto es Matasanos, oficial médico de la Compañía Negra y encargado de mantener actualizados los Anales de la Compañía, aunque en el último de los tres libros que forman mi edición ómnibus hay capítulos protagonizados y narrados desde el punto de vista de otra persona. Matasanos es un cuarentón con un pasado oscuro (como todos los de sus compañeros) que ha encontrado una nueva familia entre los mercenarios de la Compañía. En los Anales no recoge únicamente los detalles de los contratos o las crónicas de las batallas en las que se ve envuelta la Compañía, sino también cosas que no tienen ningún interés para las generaciones futuras de mercenarios, como las ensoñaciones románticas que le dedica a su amor platónico, de las que se burla la Compañía al completo y de las que pronto llega a arrepentirse.
Matasanos está muy bien arropado por una serie de personajes atractivos: la pareja formada por Goblin y Un Ojo, dos de los magos de la compañía cuya única ambición en esta vida es sacarse de quicio mutuamente; Cuervo, un tipo duro y turbulento que esconde un lado tierno; Chozo de Castañas, un personaje rastrero que, en el fondo, se hace querer; y la Dama, que es un personaje distante que esconde mucho debajo de su fachada impertérrita.
La acción se mantiene a lo largo de los libros con batallas y escaramuzas, lo que, unido a las intrigas de los Tomados en las que se ve envuelta la Compañía, hace que no decaiga el ritmo de los libros. Si a eso le unimos el sentido del humor de Cook y una visión ácida de la predestinación, conseguimos un libro muy recomendable, entretenido, que acarreé del trabajo a casa durante semanas (son más de 700 páginas) alegremente, feliz cuando el autobús se retrasaba porque eso me permitía leer un poquito más, aunque luego me dolieran las muñecas de sujetar el peso. Y si alguno queréis continuar con el resto de libros (son un total de 9 libros por el momento) pero os gusta tener todas los libros de una saga en la misma edición para que queden bonitos en las estanterías (no como mis libros de Pratchett, que están en todos los formatos habidos y por haber, incluyendo ediciones inglesas), no os preocupéis, porque parece que la editorial se ha
propuesto reeditar todos los libros en ediciones ómnibus.

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